Problema (gr. πρόβλημα; lat. problema; ingl. problema; franc. problème;
alem. Problem; ital. problema) En general, toda situación que
incluya la posibilidad de una alternativa. El P. no tiene necesariamente
carácter subjetivo; no es reductible a la duda,
aun cuando la duda sea, en cierto sentido, un problema. Es más bien el carácter
propio de una situación que no tiene un único significado o que incluye, de
cualquier manera, alternativas de cualquier especie. Un P. es una declaración
de una situación de este género.
Tal es el sentido de la definición aristotélica: “P.
es un procedimiento dialéctico que tiende a la elección o al rechazo, o también
a la verdad y al conocimiento” (Top.,
I, 11, 104 b). En esta definición las palabras “elección” o “rechazo” indican
las alternativas que se presentan a los problemas de orden práctico, mientras
que “verdad” y “conocimiento” designan las alternativas teóricas. Aristóteles
ejemplifica su definición diciendo que un P. del primer género es si el placer
es o no un bien, y un P. del segundo género es si el mundo es o no eterno (Ibid., 104 b 8). Ya que, donde hay P.,
hay también silogismos contrarios, los P. pueden nacer, según Aristóteles, sólo
donde falta un discurso concluyente: en otras palabras, el P. pertenece al dominio
de la dialéctica, o sea al de los discursos probables, no al de la ciencia. De
todos modos, el P. conserva, para Aristóteles, el carácter de indeterminación
que le es conferido por la alternativa. En el uso matemático del término, este
carácter ha ido atenuándose. La lógica medieval descuidó el análisis y la
definición de esta noción y cuando la misma comenzó a atraer de nuevo la
atención de los lógicos (siglo XVII), el significado que le atribuyeron está
deducido de las matemáticas. Así Jungius dice que “el P. o la proposición
problemática es una proposición principal que enuncia que algo puede ser hecho,
demostrado o encontrado” (Logica
Hamburgensis, 1638, IV, 11, 7). Leibniz anotaba que “por P. los matemáticos
entienden las cuestiones que dejan en blanco una parte de la proposición” (Nouv. Ess., IV, II, 7). Y precisamente
apelando al uso matemático, Wolff definió al P. como “una proposición práctica
demostrativa”, entendiendo por “proposición práctica” la proposición “por la
cual se afirma que algo puede o debe ser hecho” y excluyendo explícitamente el
significado aristotélico del término (Log.,
§ 276, 266). No muy diferente de esta es la definición
de Kant: “P. son proposiciones demostrables que necesitan pruebas o son tales
como para expresar una acción cuyo modo de realización no es inmediatamente
cierto” (Logik, § 38).
También en el pensamiento moderno la noción de P. ha
sido y es una de las más olvidadas. Los filósofos, aun hablando continuamente
de P. y considerando como su tarea la resolución de un determinado número de P.
y, especialmente, de los que ellos mismos definen como “máximos”, no se han
cuidado demasiado de analizar la correspondiente noción. La mayoría de las
veces el P. ha sido considerado como una condición o situación subjetiva y confundido
con la duda. El mismo Mach lo definió en este sentido, como “el desacuerdo
entre los pensamientos y los hechos o el desacuerdo de los pensamientos entre
sí” (Erkenntmiss und irrtum [Conocimiento y error], cap. XV; trad.
franc., pp. 252-253). Sólo recientemente se ha reconocido en la Lógica (1939)
de Dewey, el carácter de indeterminación objetiva que define al P.; Dewey vio
en el P. la “propiedad lógica primaria”. El P. es la situación que constituye
el punto de partida de cualquier investigación, es decir, la situación indeterminada. “La situación no resuelta
o indeterminada podría llamarse situación problemática
se hace problemática en el proceso mismo de ser sometida a investigación. La
situación indeterminada viene a existir por causas existenciales, lo mismo que
ocurre, por ejemplo, en el desequilibrio orgánico del hambre. Nada hay de
intelectual o cognoscitivo en la existencia de tales situaciones, aunque ellas
son las condiciones necesarias de las operaciones cognoscitivas o
investigación… El resultado primero de la intervención de la investigación es
que se estima que la situación es problemática” (Logic, cap. VI; trad. esp.: Lógica,
México, 1950, F.C.E., pp. 125 ss.).
La enunciación del P. permite la anticipación de una solución posible que el la
idea y la idea exige el desarrollo de
las relaciones inherentes a su significado, lo que constituye el razonamiento. En fin, la solución
efectiva es la determinación de la situación inicial, esto es, el logro de una
situación unificada en sus relaciones y distinciones constitutivas. Un análisis
análogo a éste en su estructura fundamental es el formulado por G. Boas, que
define el P. como “la conciencia de una investigación de la norma” (The Inquiring Mind, 1959, p. 56). Al
análisis de Dewey se le agrega, sin embargo, una determinación fundamental, o
sea el reconocimiento del hecho de que un P. no es eliminado o destruido por su
solución. Un “P. resuelto” no es un P. que no habrá de presentarse más como
tal, sino que es un P. que continuará presentándose con probabilidades de solución. El descubrimiento de una medicina
que cura una enfermedad es la solución de un P.; pero con ella el P. no se
elimina, ya que la enfermedad continuará presentándose y lo que la solución
permite es, por lo tanto, la posibilidad, dentro de determinado límites
garantizados, de resolver el P. todas las veces que se presente. Precisamente a
partir de este carácter del P. se habla de la problematicidad de los campos en los que el P. se presenta. Y en
este sentido, el problema no sólo es diferente a la duda que, una vez resulta
eliminada y sustituida por la creencia, sino también al interrogante el cual,
una vez encontrada su respuesta, pierde su significado.
Diccionario de Filosofía de Nicola Abbagnano, F.C.E.
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