Proposición (ingl. proposition; franc. proposition;
alem. Satz; ital. proposizione).
Aristóteles aplica a la P. dos términos diferentes: λόγος άποφαντχός o simplemente άπόφανσις (De Interpretatione, 16 b
26 ss.) y πρότασις (Analytica Priora, 24 a 16 ss.). En el primer texto se define el
λόγος como una voz significante por convención,
pero divisible en partes a su vez significantes (denominadas ‘términos’: el nombre
y el verbo) que unen (o dividen)
tales partes, atribuyendo una a la otra o negando tal atribución, pero se
observa que no todos los λόγοι son de tal naturaleza
que competa a ella el ser verdaderos o falsos (por ejemplo, las plegarias son λόγοι, pero no compete a ella el ser verdaderas o
falsas), y que los que lo son, resultan tales en función del modo mediante el
cual dividen o unen los términos. El λόγος que puede ser verdadero o falso es, por lo
tanto, el λ. άποφαντχός, o simplemente άπόφανσις (de donde el latín enuntiatio), que
se define de esta manera: “el α. es una voz significante que afirma según los tiempo del verbo”. El
otro término (πρότασις) del cual resulta el latín propositio, aparece ya en los De
interpretatione y en los Topica, para designar uno de los ángulos
del problema (elección entre dos P. contradictorias). Sólo en los Analytica
Priora, llega a designar, ya sea en las premisas del silogismo o la P. en
el sentido de άπόφανσις, siendo definida como “λόγος que afirma o niega algo de alguna cosa”. Y a
esta definición seguía una clasificación de las πρότασις
que, si bien no idéntica, es similar a la de
las άπόφανσις en el De Interpretatione (allá:
afirmativas, negativas, o en torno a universales predicados universalmente, en
torno a universales predicados no universalmente, en torno a individuos; aquí:
afirmativas, negativas, universales, particulares, indefinidas). Es por lo
tanto, evidente que πρότασις ha sustituido a άπόφανσις. Este último término, tanto el término
estoico que es su sinónimo, άξίωμα (Crisipo, en Diógenes Laercio, VII, 66, lo define como “lo negado o
afirmado por sí mismo, tal como sucede en ‘es de día’ y ‘Dione pasea’“), cede
frente a πρότασις, y así en el latín de los lógicos medievales el término propositio
se impone frente a la menos afortunada expresión enunciato, y se lo
define (Pedro Hispano, Summ. Logic., 1.07) como “oratium vero vel
falsum significans indicando, ut ‘homo currit’“, donde oratio
traduce el aristotélico λόγος, y se introduce la
función indicativa para diferenciar la propositio de otros tipos de oratio
perfecta, tales como la imperativa, la desiderativa, la condicional, etc.
En la Edad Moderna, la fuerza de la tradición
medieval conserva durante mucho tiempo el término propositio (también el
alternativo enunciato que, por ejemplo, se encuentra a menudo en las Regulae
cartesianas), que prefieren constantemente los matemáticos y los lógicos de la
matemática (como Pascal, en Art de persuader, y Leibniz); pero el
gradual prevalecer de concepciones y puntos de vista intelectuales, que
concentran el interés, más que en la forma de los enunciados, en los actos
mentales, hace que en la literatura lógica llegue a difundirse triunfalmente el
término juicio (véase) en
tanto que se conserva el vocablo P. como sinónimo del precedente, o bien (ya en
la Logique de Port Royal y luego constantemente en la lógica francesa,
alemana e italiana de los siglos XVII y XVIII) de lo define técnicamente como
la expresión verbal del juicio, “juicio expresado con palabras” (así, por
ejemplo, Arnauld, Log., II, 3; Wolff, Log., § 42; Genovesi, Ars logico-critica, II, 14; Hamilton, Lectures
on logic, I, pp. 226 ss.; etc). En este sentido, el término P. fue
conservado por los gramáticos para indicar la oratio perfecta en
general, o sea la frase completa y con significado cumplido (que expresa, por
lo tanto, un “pensamiento” o “juicio”). En cambio, en el sentido lógico
original, el término P. (alem. Satz; ingl. proposition) se
conserva vivo en la tradición matemática (no en Italia, sin embargo, donde se
prefirió en general el vocablo teorema) y de esta volvió a la lógica
formal pura (matemática) contemporánea, aunque definido en forma diferente.
La dirección antipsicologista y
antiverbalista adoptada por los reformadores de la lógica formal pura
contemporánea (Bolzano, y más tarde sobre todo Husserl, Frege y Russell) ha
hecho que el término “P. en sí” (Satz an sich) quedara aislado, o
también simplemente “P.” en sentido lógico-puro, para indicar el contenido
lógico de un juicio prescindiendo de los actos psicológicos del juzgar y de la
variedad de formas lingüísticas mediante las cuales tal pensamiento (pensado)
puede ser expresado. Esta nueva acepción del término se ha mantenido también en
la elaboración de la lógica formal realizada por autores, tales como, en
primera línea, R. Carnap, A. Church y toda la pléyade de los nuevos lógicos
contemporáneos, poco dependientes (o solamente en origen dependientes, pero
luego emancipados) de la dirección de pensamiento encabezada por Husserl y
Frege. Así, pues, el hecho de encontrarse el interés de los nuevos lógicos en el
lenguaje y en el análisis del lenguaje ha tenido como resultado la tendencia a
distinguir (olvidando toda la referencia mentalista) entre el enunciado
(alem. Aussage; ingl. sentence) y la proposición. En tanto
que en los comienzos de este movimiento (Russell) se volvió a la definición
tradicional de “P.” como “lo que puede ser verdadero o falso” (acepción todavía
frecuentemente usada por neopositivistas y pragmatistas), la escuela que derivó
de Carnap (cf. Intr. to Semantics [1942], 1959, p. 235) usa “enunciado”
para denotar un símbolo verbal compuesto que obedece a determinadas reglas
morfológico-sintácticas; “P.”, en cambio, denota el contenido significativo
común a un conjunto de enunciados declarativos (denominados statements
en inglés) en la misma o también en diferentes lenguas, que resultan sinónimos,
o sea que tienen el mismo significado, significan la misma cosa. GP
Diccionario de Filosofía de
Nicola Abbagnano, F.C.E.