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23.9.14

Proposición (ingl. proposition; franc. proposition; alem. Satz; ital. proposizione). Aristóteles aplica a la P. dos términos diferentes: λόγος άποφαντχός o simplemente άπόφανσις  (De Interpretatione, 16 b 26 ss.) y πρότασις (Analytica Priora, 24 a 16 ss.). En el primer texto se define el λόγος como una voz significante por convención, pero divisible en partes a su vez significantes (denominadas ‘términos’: el nombre y el  verbo) que unen (o dividen) tales partes, atribuyendo una a la otra o negando tal atribución, pero se observa que no todos los λόγοι son de tal naturaleza que competa a ella el ser verdaderos o falsos (por ejemplo, las plegarias son λόγοι, pero no compete a ella el ser verdaderas o falsas), y que los que lo son, resultan tales en función del modo mediante el cual dividen o unen los términos. El λόγος que puede ser verdadero o falso es, por lo tanto, el λ. άποφαντχός, o simplemente άπόφανσις (de donde el latín enuntiatio), que se define de esta manera: “el α. es una voz significante que afirma según los tiempo del verbo”. El otro término (πρότασις) del cual resulta el latín propositio, aparece ya en los De interpretatione y en los Topica, para designar uno de los ángulos del problema (elección entre dos P. contradictorias). Sólo en los Analytica Priora, llega a designar, ya sea en las premisas del silogismo o la P. en el sentido de άπόφανσις, siendo definida como “λόγος que afirma o niega algo de alguna cosa”. Y a esta definición seguía una clasificación de las πρότασις que, si bien no idéntica, es similar a la de las άπόφανσις en el De Interpretatione (allá: afirmativas, negativas, o en torno a universales predicados universalmente, en torno a universales predicados no universalmente, en torno a individuos; aquí: afirmativas, negativas, universales, particulares, indefinidas). Es por lo tanto, evidente que πρότασις ha sustituido a άπόφανσις. Este último término, tanto el término estoico que es su sinónimo, άξίωμα (Crisipo, en Diógenes Laercio, VII, 66, lo define como “lo negado o afirmado por sí mismo, tal como sucede en ‘es de día’ y ‘Dione pasea’“), cede frente a πρότασις, y así en el latín de los lógicos medievales el término propositio se impone frente a la menos afortunada expresión enunciato, y se lo define (Pedro Hispano, Summ. Logic., 1.07) como “oratium vero vel falsum significans indicando, ut ‘homo currit’“, donde oratio traduce el aristotélico λόγος, y se introduce la función indicativa para diferenciar la propositio de otros tipos de oratio perfecta, tales como la imperativa, la desiderativa, la condicional, etc.
En la Edad Moderna, la fuerza de la tradición medieval conserva durante mucho tiempo el término propositio (también el alternativo enunciato que, por ejemplo, se encuentra a menudo en las Regulae cartesianas), que prefieren constantemente los matemáticos y los lógicos de la matemática (como Pascal, en Art de persuader, y Leibniz); pero el gradual prevalecer de concepciones y puntos de vista intelectuales, que concentran el interés, más que en la forma de los enunciados, en los actos mentales, hace que en la literatura lógica llegue a difundirse triunfalmente el término juicio (véase) en tanto que se conserva el vocablo P. como sinónimo del precedente, o bien (ya en la Logique de Port Royal y luego constantemente en la lógica francesa, alemana e italiana de los siglos XVII y XVIII) de lo define técnicamente como la expresión verbal del juicio, “juicio expresado con palabras” (así, por ejemplo, Arnauld, Log., II, 3; Wolff, Log., § 42; Genovesi, Ars logico-critica, II, 14; Hamilton, Lectures on logic, I, pp. 226 ss.; etc). En este sentido, el término P. fue conservado por los gramáticos para indicar la oratio perfecta en general, o sea la frase completa y con significado cumplido (que expresa, por lo tanto, un “pensamiento” o “juicio”). En cambio, en el sentido lógico original, el término P. (alem. Satz; ingl. proposition) se conserva vivo en la tradición matemática (no en Italia, sin embargo, donde se prefirió en general el vocablo teorema) y de esta volvió a la lógica formal pura (matemática) contemporánea, aunque definido en forma diferente.
La dirección antipsicologista y antiverbalista adoptada por los reformadores de la lógica formal pura contemporánea (Bolzano, y más tarde sobre todo Husserl, Frege y Russell) ha hecho que el término “P. en sí” (Satz an sich) quedara aislado, o también simplemente “P.” en sentido lógico-puro, para indicar el contenido lógico de un juicio prescindiendo de los actos psicológicos del juzgar y de la variedad de formas lingüísticas mediante las cuales tal pensamiento (pensado) puede ser expresado. Esta nueva acepción del término se ha mantenido también en la elaboración de la lógica formal realizada por autores, tales como, en primera línea, R. Carnap, A. Church y toda la pléyade de los nuevos lógicos contemporáneos, poco dependientes (o solamente en origen dependientes, pero luego emancipados) de la dirección de pensamiento encabezada por Husserl y Frege. Así, pues, el hecho de encontrarse el interés de los nuevos lógicos en el lenguaje y en el análisis del lenguaje ha tenido como resultado la tendencia a distinguir (olvidando toda la referencia mentalista) entre el enunciado (alem. Aussage; ingl. sentence) y la proposición. En tanto que en los comienzos de este movimiento (Russell) se volvió a la definición tradicional de “P.” como “lo que puede ser verdadero o falso” (acepción todavía frecuentemente usada por neopositivistas y pragmatistas), la escuela que derivó de Carnap (cf. Intr. to Semantics [1942], 1959, p. 235) usa “enunciado” para denotar un símbolo verbal compuesto que obedece a determinadas reglas morfológico-sintácticas; “P.”, en cambio, denota el contenido significativo común a un conjunto de enunciados declarativos (denominados statements en inglés) en la misma o también en diferentes lenguas, que resultan sinónimos, o sea que tienen el mismo significado, significan la misma cosa.     GP



Diccionario de Filosofía de Nicola Abbagnano, F.C.E.
Problema (gr. πρόβλημα; lat. problema; ingl. problema; franc. problème; alem. Problem; ital. problema) En general, toda situación que incluya la posibilidad de una alternativa. El P. no tiene necesariamente carácter subjetivo; no es reductible a la duda, aun cuando la duda sea, en cierto sentido, un problema. Es más bien el carácter propio de una situación que no tiene un único significado o que incluye, de cualquier manera, alternativas de cualquier especie. Un P. es una declaración de una situación de este género.
Tal es el sentido de la definición aristotélica: “P. es un procedimiento dialéctico que tiende a la elección o al rechazo, o también a la verdad y al conocimiento” (Top., I, 11, 104 b). En esta definición las palabras “elección” o “rechazo” indican las alternativas que se presentan a los problemas de orden práctico, mientras que “verdad” y “conocimiento” designan las alternativas teóricas. Aristóteles ejemplifica su definición diciendo que un P. del primer género es si el placer es o no un bien, y un P. del segundo género es si el mundo es o no eterno (Ibid., 104 b 8). Ya que, donde hay P., hay también silogismos contrarios, los P. pueden nacer, según Aristóteles, sólo donde falta un discurso concluyente: en otras palabras, el P. pertenece al dominio de la dialéctica, o sea al de los discursos probables, no al de la ciencia. De todos modos, el P. conserva, para Aristóteles, el carácter de indeterminación que le es conferido por la alternativa. En el uso matemático del término, este carácter ha ido atenuándose. La lógica medieval descuidó el análisis y la definición de esta noción y cuando la misma comenzó a atraer de nuevo la atención de los lógicos (siglo XVII), el significado que le atribuyeron está deducido de las matemáticas. Así Jungius dice que “el P. o la proposición problemática es una proposición principal que enuncia que algo puede ser hecho, demostrado o encontrado” (Logica Hamburgensis, 1638, IV, 11, 7). Leibniz anotaba que “por P. los matemáticos entienden las cuestiones que dejan en blanco una parte de la proposición” (Nouv. Ess., IV, II, 7). Y precisamente apelando al uso matemático, Wolff definió al P. como “una proposición práctica demostrativa”, entendiendo por “proposición práctica” la proposición “por la cual se afirma que algo puede o debe ser hecho” y excluyendo explícitamente el significado aristotélico del término (Log., § 276, 266). No muy diferente de esta es la definición de Kant: “P. son proposiciones demostrables que necesitan pruebas o son tales como para expresar una acción cuyo modo de realización no es inmediatamente cierto” (Logik, § 38).
También en el pensamiento moderno la noción de P. ha sido y es una de las más olvidadas. Los filósofos, aun hablando continuamente de P. y considerando como su tarea la resolución de un determinado número de P. y, especialmente, de los que ellos mismos definen como “máximos”, no se han cuidado demasiado de analizar la correspondiente noción. La mayoría de las veces el P. ha sido considerado como una condición o situación subjetiva y confundido con la duda. El mismo Mach lo definió en este sentido, como “el desacuerdo entre los pensamientos y los hechos o el desacuerdo de los pensamientos entre sí” (Erkenntmiss und irrtum [Conocimiento y error], cap. XV; trad. franc., pp. 252-253). Sólo recientemente se ha reconocido en la Lógica (1939) de Dewey, el carácter de indeterminación objetiva que define al P.; Dewey vio en el P. la “propiedad lógica primaria”. El P. es la situación que constituye el punto de partida de cualquier investigación, es decir, la situación indeterminada. “La situación no resuelta o indeterminada podría llamarse situación problemática se hace problemática en el proceso mismo de ser sometida a investigación. La situación indeterminada viene a existir por causas existenciales, lo mismo que ocurre, por ejemplo, en el desequilibrio orgánico del hambre. Nada hay de intelectual o cognoscitivo en la existencia de tales situaciones, aunque ellas son las condiciones necesarias de las operaciones cognoscitivas o investigación… El resultado primero de la intervención de la investigación es que se estima que la situación es problemática” (Logic, cap. VI; trad. esp.: Lógica, México, 1950, F.C.E., pp. 125 ss.). La enunciación del P. permite la anticipación de una solución posible que el la idea y la idea exige el desarrollo de las relaciones inherentes a su significado, lo que constituye el razonamiento. En fin, la solución efectiva es la determinación de la situación inicial, esto es, el logro de una situación unificada en sus relaciones y distinciones constitutivas. Un análisis análogo a éste en su estructura fundamental es el formulado por G. Boas, que define el P. como “la conciencia de una investigación de la norma” (The Inquiring Mind, 1959, p. 56). Al análisis de Dewey se le agrega, sin embargo, una determinación fundamental, o sea el reconocimiento del hecho de que un P. no es eliminado o destruido por su solución. Un “P. resuelto” no es un P. que no habrá de presentarse más como tal, sino que es un P. que continuará presentándose con probabilidades de solución. El descubrimiento de una medicina que cura una enfermedad es la solución de un P.; pero con ella el P. no se elimina, ya que la enfermedad continuará presentándose y lo que la solución permite es, por lo tanto, la posibilidad, dentro de determinado límites garantizados, de resolver el P. todas las veces que se presente. Precisamente a partir de este carácter del P. se habla de la problematicidad de los campos en los que el P. se presenta. Y en este sentido, el problema no sólo es diferente a la duda que, una vez resulta eliminada y sustituida por la creencia, sino también al interrogante el cual, una vez encontrada su respuesta, pierde su significado.



Diccionario de Filosofía de Nicola Abbagnano, F.C.E.

20.9.14

Método (lat. méthodus; ingl. method; franc. méthode; alem. Methode; ital. metodo). El término tiene dos significados fundamentales: 1) toda investigación u orientación de la investigación; 2) una particular técnica de investigación. El primer significado no se distingue del de “investigación” o “doctrina”. El segundo significado es más restringido e indica un procedimiento de investigación ordenado, repetible y autocorregible, que garantiza la obtención de resultados válidos. Al primer significado se refieren expresiones tales como “el M. hegeliano”, “el M. dialéctico”, etc., o también “el M. geométrico”, “el M. experimental”, etc. Al segundo significado se refieren expresiones tales como “el M. silogístico”, “el M. de los residuos”, y en general las que designan procedimientos de investigación o de control particulares. Tanto Platón (Sof., 218 d; Fedr., 270 c) como Aristóteles (Pol., 1289 a 26; Et. Nic., 1129 a 6) adoptaron el término con ambos significados. En el uso moderno y contemporáneo prevalece el segundo significado. Pero es necesario observar que no hay doctrina o teoría, ya sea científica o filosófica, que no pueda ser considerada según el aspecto de su orden de procedimiento y, por lo tanto, denominada M. Así, por ejemplo, Descartes expone el mismo contenido del Discurso del M. en la forma de las Meditaciones metafísicas y de los Principios de filosofía: lo que por un lado era M. por el otro era doctrina. Y en general no hay doctrina que no pueda ser considerada y denominada M. si se la considera como orden o procedimiento de investigación. Por lo tanto la clasificación de los M. filosóficos y científicos sería sin más una clasificación de las doctrinas respectivas. Con referencia a las doctrinas que con mayor frecuencia o razón se denominan M., véanse los artículos respectivos: ANÁLISIS; AXIOMÁTICA; CONCOMITANCIA; CONCORDANCIA; DEDUCCIÓN; DIALÉCTICA; DIFERENCIA; DEMOSTRACIÓN; INDUCCIÓN; PRUEBA; RESIDUOS; SILOGISMO; SÍNTESIS, y además los artículos dedicados a las disciplinas en particular: FILOSOFÍA; FÍSICA; GEOMETRÍA; LÓGICA; MATEMÁTICA; CIENCIA, etcétera.

Diccionario de Filosofía
Nicola Abbagnano

19.9.14

Órganon (gr. όργανον; lat. organum) Título aplicado, por los comentaristas griegos, al conjunto de obras lógicas de Aristóteles, a saber: el libro de las Categorías, el libro de la Interpretación, los dos libros de los Primeros analíticos, los dos libros de los Analíticos posteriores, los ocho libros de los Tópicos y el libro de los Elencos sofísticos. En otras dos ocasiones aparece la palabra Ó. como título de libro: en el Novum Organum (1620) de Francis Bacon, que explícitamente opuso su lógica a la aristotélica, y el Nues O. (1764) de J. H. Lambert, filósofo iluminista alemán con quien Kant mantuvo una importante correspondencia. El uso de tal término no tiene, sin embargo, una relación precisa con la tarea atribuida a la lógica. (véase)

Diccionario de Filosofía

Nicola Abbagnano

Costumbres borrascosas

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