7.7.11

CAMINO EL CORAZÓN OSCURO
Y ENEMIGO
Silvia Sigüenza Salcedo
*
A MI PADRE
IN MEMORIAM



Mi oración de niña tenebrosa
se forjó en las soleadas tierras de un orate
llegó la lluvia y la volvió salvaje.
En el resto de mi jardín pudo haber frutas bermellonas

En mi juventud pintó el otoño las ideas
del agua que cruzó señalando mi caída.
No rescaté las tierras inundadas.

Hoy. Un rabino grave
me comparte su místico alimento.
Qué gran dolor comer la vida
y caminar el corazón oscuro y enemigo.

Como un interrumpido enigma
peregrino por la tierra
juego a vivir.
Cerca de mí
un forastero ensaya
el infernal responso de mi muerte.

A fuerza de rabia y abstinencia
he troquelado mi alimento insomne
los golpes que da el hambre qué duros
el yunque de rabia distorsiona y dilata
y la abstinencia
ha ulcerado y encanecido el rito.



Llegué a la selva de las navajas
arboledas filosas
y sobre el barro crudo
constelación de sangre

Las rosas negras de los ojos negros
Las rosas negras de los labios vírgenes
Las rosas negras de niños y más niños…
Las rosas negras de enraizadas vidas

Tan sólo un bosque de navajas negras
Tan sólo el tiempo de sendero oscuro
Tan sólo el tiempo de las negras vidas

Hay una selva que comprende todo
es una selva de navajas negras.



Cuándo vendrán al mundo las palabras
las verdaderas que esperamos todos
las que hoy usamos no nos dicen nada
las han gastado veinte siglos muertos
huelen a viejo a incesto y a mentira.

Siglos y siglos de palabras muertas
polvo de tiempo con sonido hueco
nada nos dice
nada nos despiertan

El que las tenga que las tire al viento
para que aprehenda y las respire el mundo.



Le he arrancado la piel al sentimiento
y secado la fuente de mis venas
todo un cráter sin lava
es lo que tengo

Desde el fondo una tímida ceniza
se revela sin ojos a la muerte
deslizándome clavos en los huesos
me resbalan sus garfios ateridos
y me pide en su débil agonía:
¡Quiero amar y vivir…!

¿Es que no sabes?
Que he arrancado la piel al sentimiento
y apagado con gritos el recuerdo.



Se están rompiendo los puentes
del camino del mañana
El ayer se fue muy lejos
Tengo los ojos cansados
de contemplar el presente
Por más que busco no encuentro
tu voz de metal sin eco
Tu sombra de árbol sin ramas
se derrama en mis retinas
Se pierde por la vereda
del sentido que no siente
Siento mi cuerpo de nada
Quiero sentirlo de tierra



helada como los muertos
que pueblan el cementerio
contemplo desde una esquina
caminar por los espacios
tantas, inciertas figuras
que me he sembrado los ojos
con acero y mala sangre,
vistiendo mi oscuro cráter
con tierra de íntimos viajes
veredas que pocos pisan
porque van por la avenida
roja de incesto y mentira.
Tierra de único camino
—la realidad es el hombre—
veredas de la avenida
—las verdades son los hombres—.



Aquí…
Aquí como siempre
mordiéndome los sentidos
subiéndome por las venas
paralizando mis piernas
movilizando mi lengua
cortándome los pulmones
deshojándome el sentido
como mañana y pasado
Alfa y Omega de siempre
Como ayer…
como hace un rato
como siempre
¡Aquí…!
pero no logro decirlo.



Heredé con los hombres la ciudades
junto al Jordán de Jericó Moisés recibió ciudades y ejidos
en herencia;
y se le dijo que los ejidos eran para las bestias
ganado y animales
a los Levitas les tocaron seis mil codos fuera del muro
Formaron sus ciudades
donde se alberga la homicida humanidad completa



Mi aliento espeso y fatigado
insoluble entre el aliento ajeno
me vuelve entumecido rompeolas
Siento alrededor del cuello
el infinito filo de un[a] espada  [p. e.]
y por mis calles, grita el amor sin vida.
Las infames palomas de la fiebre
cubren horizonte y hombre
y este hombre declinado por sí mismo
decantado en fiebre misma
descastado de sí mismo
aprendió que la intención puede sobrarle
pero ha olvidado
que la intención debe aparearse al hecho.
Yo sé que los milagros se han podrido
que la razón y la verdad son obsoletas
que el amor no se permite
y se me vuelve artrítica la sangre
se revuelve y respira por mi herida
cuánto dolor nos cabe en una mano
qué poca sangre tenemos en las venas



I

El mar con asesino golpe
me condenó a la sed.

Nací con la sangre arrugada
con los ojos desesperados de tiempo
y la lengua exasperada
con el corazón revuelto
trato de abotonarme el alma
para que no se adentre en ella
el hollín de la amargura.
Para que no me crispe este desmar
me rasgo el alma entre piedras
que destilan acre espuma
que asesinan ciudades.
Entre este hombre que roba y mata
toda larva de águila
y vuelve espúreo cualquier huevo de estrella.


II

Tal vez si yo…
si me dejara ir detrás del mismo río
y padeciera la misma borrachera.
Ya ebria, ese vino salobre no me daría dolor.
Este metálico imperio
me desharía del sol, de agosto
del huracán y del relámpago que dilatan la cuerda.

Pero por no podarme el sentimiento
y aunque me truene el esqueleto
seguiré buscando al dador de auroras
luchando contra algas y pirañas,
combato irremediablemente
la idolátrica ambición del oro
y la mano leprosa
que de un solo golpe pudre la sangre que le estorba.


III

Yo sé que vendrá el tiempo
en el que el mar va a sentirse arrepentido
y va a llorar al pie de su memoria.
Entonces:
Todo será una gran plaza
donde el toro del olvido
no tendrá picadores ni toreros
yo estaré “platicando con la mujer que siempre va conmigo”
Sin naufragar entre los muertos
hoy me planto en el sereno delta del salero y la hortaliza.
*
Con el grito de mi sangre
voy a salpicar al hombre
a ese hombre que palúdico
se amordaza el dolor y la opresión.

A ese hombre compañero
que me duele
que me espanta cuando lo veo vendarse el alma
con el amanecer recalentado en vino
acurrucado al miedo y al suicidio
y encallado al bastardo pulso rubio.

A este montón de miedo.
A este montón de odio y de fatiga
va a salpicar mi sangre
que al fin pudo sacar la lengua y no tragársela.

Porque una mujer compañeros
esta mujer que tienen en las manos
se autoparió con el dolor más hondo y silencioso
desde el hambre del hombre y del amigo
peleando por su dignidad humana
hasta que pudo al fin:
Sin la concepción sacerdotal
sin el tibio pañal degenerado
contra la cobardía pujante de los siglos
tener conmigo nuestra casa abierta.



Nacen los astros cuando muere el verde
Nace la calma cuando muere el hombre
El hombre es viejo cuando nace el hombre
Nacen los odios cuando nace el mundo
La muerte nace y alimenta todo
La raza enferma cuando crece el oro
Mueren el hombre
el oro
el mundo
el verde
Y todo nace
de la nada nace.



En un espacio del tiempo
flotan los silencios negros
La sangre llora en la herida
siempre que la muerte canta
en un potro sin mirada
la luna reparte muertes
sobre un caballo sin bridas
va sembrando calaveras.



Conjúrote aire que al amor me lleves
no en lenta bruma de reposo y calma
por el camino de horizonte plano

Llévame viento en huracán gimiente
sobre el púrpura polvo
de tu mar de alheño
Trepando al risco de la eterna noche.



Prístina tierra de nada
con el agravio del Cristo
toda razón se tropieza
la virtud del malnacido
pone dique a tus pasiones
desamparando tus ansias
bíblicas de continuarte.



Las manos son dos llagas para llorar los sueños
sin tener sal en el agua ni una higuera curvada
las manos son el mar para echar nuestro barco
con timones de angustia y un capitán con sífilis de pena
son el espacio virgen para un árbol de estrellas
y desde ellas mis ojos han mirado a la niebla
cuando huye de las piedras
que pretenden cazarla sin levantar los brazos
para matar la sangre sin desatar los miembros
porque en las manos caben la sima y el oriente
el alfa y el omega
huellas de penumbra y esqueletos de lobos
son como un jardín abierto
y una plaza de silencio
Yo me busco la salida en cada estría de mis manos.



Labradores de la tierra
busquen su raíz oscura
No en la vida
No en la muerte
búsquenla en la mala hierba
que sembraron arrogantes
sobre el roturado cuerpo
de una tierra que ha partido:
hambre, sudor y excremento
relámpagos de guitarra
lágrima forjada al yunque
y dinamita en cada cuadra
Hay que apretarse los dientes
morderse la piel y el alma
y colgarnos en el cuello este collar de agonía.



Me han castrado el sentimiento
los recuerdos me deslavan,
como plomo derretido
se me escurrió la esperanza.
Se llenó mi sementera
con tañidos y con penas
de estrellas que se buscaron
la muerte por las esquinas
y un puñado de pesares
me ha castrado el sentimiento.



I

Fui a la cálida playa de tu nombre
y un peñón de sangre yerta
sembró de lirios mi valle
en doloroso holocausto

Tu suave piel de marino
me despojó del invierno
cuando lenta y sabiamente
venció la cuesta de hielo

Por el río de los espejos
naufragaba una doncella
y en el jardín de la muerte
guardan luto los rebaños
Un niño de pena verde
quedó a mitad del camino.


II

En la esquina de la noche
tirita Apolo ofendido
negros filos atormentan
casta lujuria perdida
y a través de las ventanas
gime insatisfecha sangre
mojando sábanas blancas
Viene sobre un potro espúreo
la indiscreta luz del alba.



Todo recuerda la crueldad del ángel:
la promesa retirada
el ojeroso sol enfermo
la carta que jamás leímos
dar nuestra savia vieja al grano núbil
y la curiosidad insana por la muerte
que logramos descifrar cuando se rompe la esquina.



Me he sacudido el polvo del sentido
vestí mi cuerpo de insensible arena
cubrí de amnesia el sentimiento necio.
Maté al amor, la rabia, la esperanza
presencié el parto de mi nueva forma.

Hoy asistí al sepelio de mí misma
cavé la tumba en un desierto eterno
veintidós puños de tierra me cubrieron
no tuve lágrimas para llorar mi muerte
brotó en mis labios la sonrisa inmóvil
estéril clímax del dolor que anuncia
mi nueva vida de insensible arena.



Veo el camino sin poder mirarlo
Quizá mañana
ese mañana que no creo
aquel mañana que jamás espero
pueda no verlo
aunque lo esté mirando.
Este mañana que arrastramos todos
me siembra el alma de esperanzas vanas
aquí
en mi voz que no será mañana.



Sediento abrazo
que me pide sangre
Mas no de aquella presa entre las venas
de la materia que se llama cuerpo
¡no de ese líquido viscoso y rojo
que le circula al necio y al idiota!

Es sed de sangre
Pero de sangre cierta
de esa que nace del dolor henchida
la que alimenta al corazón callado
haciendo inerte con inmensas gotas
la virgen cueva del amor sin eco

Quiero la sangre de las almas rotas
para formar un coágulo de vida.



Extraña flor de mármol vacilante
tu realidad dilata mis sentidos
me evado al sueño de llamarte mía
como el abismo evade a la sirena
Vuelve a tu mundo de aterido hielo
yo voy al monte de cristal sin huella.



No estorbarás ya nunca mi presencia
borré tus huellas de mis ojos tristes.

Deshabitada el ansia de sentirte cerca
surgí al abismo de olvidar el tiempo
sellé el recuerdo con mi sangre exhausta
y me embriagué de repetir tu nombre

Tú encontrarás la muerte en otra vida
te has reducido a un lento rito humano
forma angustiante de cubrir tus ansias
Te enlazas ya en el orden extraviado
prófugo intento de agotar la ruina.



Sentada al borde de esta tibia tarde
me aflora el lento y dilatado ritmo
la ávida forma que jamás se agota.
Presa en mi calma torno al movimiento
remo en la barca de los inconformes
Sintiendo el reto de los consumidos
me entrega el agua su tranquila esencia.



Yo en la arena clavada
con mi cuerpo
Y en el alma la ingrávida agonía
de ver al hombre estéril, impotente
sembrar pantano en todo su camino
Quiero enterrar mis ojos
y olvidarme.



I

Con la sangre introvertida
se muere aquella paloma
yo la quiero entre mis manos
para contemplar tu ausencia


II

Agua que va por el mar
tranquila espuma de sal
Agua que va por el río
agua de feria y de luz
Agua que brota de mí
agua de muerte inconsciente


III

Las horas cuajan de noche
en una larga avenida
en el mar cristal de mi sombra
teje un monte de amargura
hijas del mar son las horas
mi eterna noche es un barco
navegando entre los hombres.



I

Soy como un niño de invierno
que el hollín ha carcomido
página de un triste cuento
que gastado y sin lectores
quiere dormirse en la sierra.


II

Un rebaño de nostalgia
se paseaba por los jardines incompletos
de mis ojos.


III

Un juglar del horizonte
trae acentos temblorosos
hasta mi cuna de mármol.



I

Silbaba el viento por las veredas
llevando el peso de su infinito
se ha envejecido con su presencia
se ha encanecido de ver el mundo
ya no respira presencia de hombres
está asfixiándose entre los oídos
y está pesándole su infinito


II

Te llevarás mañana tu presencia
y tu voz y tu sombra entre sus ruedas
yo esperaré en el polvo del camino
la negra ausencia de los elegidos
el llanto ausente de los no nacidos
Yo esperaré el mañana y tu partida
no en la esperanza
sino en el camino.



Hondo de queja el yunque del martillo
los golpes duelen también al estaño
como el yunque
me sentía infinita
pulí mi estaño troquelando golpes
golpe tras golpe se crecía mi fuerza
y hoy, esta noche
sobre la euforia del metal pulido
cayó el martillo con tan duro golpe
que aquí en mi yunque
siento inútil queja
no del sentido sino del derrumbe



He sembrado de llanto los silencios
y contado las canas de un anciano
Una araña que teje en espirales
se retuerce de incesto en la montaña
y en el líquido numen de la hormiga
se deslizan los hijos de la muerte
El silencio que gime con locura
pide lento a la muerte una migaja
y el anciano de canas en la frente
se rebela a que yo siga contando



Siento la espuela certera
del hombre que va sin rumbo
sobre un cansado caballo
y su calavera a cuestas



Después de tantos vendavales
en que azoté mi carne y mis sentidos
y el viento me dolía entre los huesos
compartiendo el suicidio
caminando la arena, el surco y su horizonte
se me pudrió la espiga y el sembrado:
Qué impiedad subterránea tiene el viento.



En mi cuerpo fornican
la memoria y el miedo.
Esta es la hora
de correr las ventanas,
de cumplir la condena
y fijar el reloj en la conciencia para vivir
ahora
en esta hora,
salvaje y sin piedad
mi abismal dolor siniestro.



—Yo sólo quiero explicarme—

Qué difícil camino el de la muerte
sí el origen es sal y un manto que al dolor se pudre
sí nacemos vestidos de agonía
y amasamos con sangre nuestros panes
Sí, hemos nacido de la desconsoladora herrumbre
del pozo ciego que hace brotar espacios y alfileres
—para prender nuestro dolor al tiempo—
el luto que arrastramos en los huesos
nos quema poco a poco la saliva,
hasta que mudos, manchados de sudor y de tristeza,
temblando ante la cósmica matriz del sueño
arrojamos el traje somnoliento
y empezamos a ser nuestras raíces.
—Por qué me absuelvo la vida—



I

Hay un árbol en la noche
y en las manos tengo lluvia
frío en los ojos desnudos
y llamas entre los dedos
La rueca de mi destino
terminará con la noche


II

Tengo noche en los ojos
y a la espalda
una selva de luces
Una selva de luces
que no llora
por el tiempo que gastan mis pisadas
mil relojes me tocan al oído
su tic tac dolorido de impotencia.



Cementerio de llamas
y cuerpos insepultos
¿Qué ha sido de tus hombres
eternamente ausentes?
No los veo en la tierra
ni los veo por los mares
Tú, espiral de lamentos
has sembrado esqueletos
sin fuego en las entrañas.

Afiladas guitarras
me anuncian un viajero
escucho los lamentos
de alargados puñales

Blancas sombras caminan
muy lentas sobre el polvo.



Voy a llevar mi piel y mis cabellos
junto al grito candente de la sangre
que tirita detrás de la montaña.

Deslizaré mi cuerpo entre las hojas
y mirando las cruces del camino
llamaré a los cuchillos de los gayos
para vestirme igual que la montaña
de yerta aurora y vértigo infinito.

Llevaré el corazón en una mano
adelante y en alto como un cirio
para sentir su muerte poco a poco

Cuando el viento lo apague.
¡Habré llegado!



Se ha vestido de negro la llanura
el horizonte entona una balada
Encendí los faroles de la nieve
con tormentas y pájaros de fuego.

Quería fundir mi luz en las tinieblas
mas las piedras rugieron de repente
desbordándose en mares de silencio.

No escucho nada
pero sé que hay canto.

Las estrellas cerraron sus ventanas
y las aves guardaron sus plumajes.
Bajé los ojos hasta el arroyuelo
y mis lágrimas fueron rechazadas.



No escucho nada
No entiendo al mundo
pero sé que hay canto.

El volcán cerró su cráter
la montaña se hizo plana
y el viento raudo me gritó en secreto:

Todo en la tierra te será negado
quiebra tus alas
volarás conmigo.



Más ignorante que todos
no tengo sabiduría
ni conozco ciencia santa
pero le pregunto al hombre
¿Quién sube y baja los cielos
y encierra el viento en un puño?
¿Quién pasa el mar sin tocarlo
crucificando la tierra?
¿Sabe el hombre inteligente
quién es el hijo del hombre?



Estoy consciente
me adhiero
a esta labor que me sobrepasa
yo nieta de un pez
hija de la aventura protoplásmica
vivo la doble humillación humana
conozco y reconozco
la humillación zoológica
ya que de un linaje animal
de ninguna manera elegido
brotó un día el hombre
para inventar el cálculo social
y la justicia integral
conozco también y reconozco
la humillación cósmica cosmológica
sé que la tierra no es el centro del mundo
sino un grano de barro
y estoy cierta
pertenezco y comparto
la única herencia que nos toca
el privilegio trágico del cerebro
ese estrecho casquete que en el simio se anquilosó
para anunciar al hombre
el juego nos ha dado
la reflexión y el tormento
a unos cuantos solitarios
han pensado que no somos más
que un hongo infestando la boca de la tierra.



A un compañero militante de la soledad.
A.C.G.

La soledad no es vacío,
es un montón de recuerdos
un enhebrar el futuro;
los harapos del hombre
con su desnuda soberbia.
El hambre de un hermano, la sed de un
compañero
Compañero:
La soledad no es un hueco,
es nuestra rabia y nuestra pena
sitiándonos por el cuello
y sosteniendo la cabeza.



Con endeble resistencia
se disecaron las fuentes
con lentitud se han perdido
los caminos del océano.
El tiempo de los vencidos
se yergue por los caminos
de navegantes sin barcos

En la ausencia de los muros
se desdibuja la hierba
y en el yermo del camino
se decrecen los arbustos



MIRANDO A ESCHER

(I)

El verbo era sólo signo,
chimenea hollinada cual camino de la vida:
de pequeñez en pequeñez,
límite esférico, sin circular, cerrado el curso
¿y la vida?        ¿cuándo?

Mariposas del veneno
viajando siempre al punto de partida
el Verbo…
se diluye la forma en la columna

SIN EMBARGO
LA NOCHE ES SIMPRE NOCHE

básico templo del viajar eterno
eternalmente a la inicial salida

SI TE FIJAS EL DÍA
ES SIEMPRE DÍA

Sólo el signo era…
cuando yo te miraba y me mirabas
con los ojos cerrados al espejo

EL HOMBRE SE REPITE

Será un mágico espejo el verbo
y signo el ciego templo del retorno

ATEMPORA ES LA SOLEDAD
ANALFABETA EL CUERPO

aminorar relámpagos y rostros
superficie sin forma
la predestinación mozárabe del sueño

AMORFA SANGRE

tuyo o mío la mayor… intersección del tercer nombre
curvo al plano pueblo de mi sangre
Equiparable triángulo profundo
por tus aristas me navega el alma

DESCONOCIDA SOY
PARA LA ROSA DE LOS VIENTOS

y nueve veces la espiral se mueve
entre la banda roja y la armazón de huesos
concéntrico el espacio del amor
que se remite huérfano conmigo

SUDARIO, VIVIR Y LABERINTO


(II)

HIJOS DE EROS:
No repliego el ejército infinito
que milita en pie de ser amado
corriendo a soledad traviesa mi esqueleto

TAL VEZ ERA
EN UN PRINCIPIO

rebelde el pueblo mío,
explotado de amor
no se conforma

LA SOMBRA
DE DAMOCLES
ES MI SOMBRA

cuerpo en mano el capitán pelea
en tierra poro adentro; hueso afuera
luchan mi cuerpo cotidiano y su esqueleto
unidos por la organización epitelial que media

APODO HERMES
BUSCA SUS SANDALIAS

el aire, avión del sueño vigilante
remite hasta el umbral del hipotálamo
batallones armados de mis ansias

NERON LEVANTA
EL PULGAR


(III)

Tres mundos circulan en el agua:
la muerte con su llave al infinito
la guerra con su reflector de sangre
la vida ahogándose en el hombre

COMENTARIO
AL MARGEN

El Verbo sí es armado
puede cambiar de signo
a realidad viviente compartida;
de nominal, a real andar por los caminos

¡LÁZARO! ESCUCHA

desprovistos de goma los zapatos
sin uniforme clandestino
“PEDRO. ESTÁS AHÍ”


(IV)

El ojo no necesitará espejos
sobre un centro perfecto
navegaré lo cóncavo y convexo
del ojo a la ribera
desde altamar hasta pleamar
plana gravitación tan alta como lenta

TRANSFORMACIÓN
SE LLAMA

Camino largo,
Sangre amada,
Columnata final
una recta sin esquinas privadas.

Algo de mí se queda…

Siento la tierra trashumando polvo humano
y trasciende un olor triste
como de adiós a un ser querido.

No hecho nada de menos
y aquí se queda tanto.
Me olvido del rostro que poseo
lo siento siempre tan ajeno
como prestado o… quizá robado
a no sé quién ni cuándo,
tal vez a un hermano que sin pan llamó a mi puerta
y me asignó, por no tener más que eso,
el rostro suyo.

Este como un adiós
a quien no viene hoy día
me recuerda todas las tardes de mi vida
en que no llega nadie a visitarme,
como hoy
qué poco muero en cada grito
en que arrastro un perdón ajeno
sobre huesos que tampoco son míos,
en esta tierra errada tan tristemente humana
tan significativamente ajena
estaré con ustedes y entre ustedes
siendo una mala ladrona de mí misma.

Toco a mi puerta y nadie me responde,
hoy no me he visitado.

Prendida a la cintura de la noche
descalzo el corazón, a pie
voy por el surco…

Siento que algo de mí se queda
y no lo echo de menos.



Se le rasgó el alma a la noche
se derrumba el viento entre mis huesos.
En esta soledad que es sólo mía
en este socavón que no comparto
fornican mi dolor y mi vacío.
Arrullada en la impotencia
se me durmió la luna en la esperanza
y se me ahogó el amor en la camisa.



La piel nos viste el cuerpo
la palabra nos inculca un alto privilegio
Nuestra música no necesita ya
de cuerdas o instrumentos
siempre hay notas de pólvora
junto al llanto de un niño destetado
Sí, la sima del mar tiene labios exangües
y una quilla que tiembla con la luna
Qué malgastado está el invento de los dioses
qué ebrios el suicidio y el episcopado.
La mentira y la cizaña ciñe el calcañal del hombre
que no acierta a caminar para recoger su sangre
Hoy nos surte de música las balas
en vez de sembrar vid podamos nuestra sangre
coronamos de cardos la memoria
para justificar nuestra falta de honor ante la vida
Sí, estamos reducidos a esquirlas del origen
y hacemos de los muertos flores.



Regresa el alma y mira
esta remota tempestad
ahora sin fuego
Hurga, recogerá tu lengua
mi palabra triturada
quemada sin ser dicha
hollada en su principio mismo,
como la inquieta sangre de la piedra
y me cercenó el tímpano
ahogo mis ojos
para ser como en la mar el barco
única tierra firme en tu cerebro.



Recial irrumpo entre los hombres
hombre veinte siglos habilático
has maniatado a tu ancestro
y enmudecido a tus hijos
arrancadas las raíces
erosionados los frutos
yo me dejo por herencia
no enmudecer los insomnios.



Llevo los relicarios en mi llanto
cubierto por la piel de muchas huellas
al mar de los anfibios corazones
y guardo mi rugido entre las flores



En un tintero remoto
llené mis venas de sangre
y escribí tantas historias
que el origen de la pena
y el final de la alegría
me escriben sobre el futuro
Séllate el alma y la boca
—Y el corazón me ha quedado
con los dos brazos caídos.



Un silencio de cenizas
preguntaba sin clemencia
—¿Quién cerrará las heridas
de las hojas verdes…
Quién empañó el cristal
de llanto de luna nueva
de blancas cenizas
de lejanos y albos mares?

Entonces la enorme luna
luna de tres días sin tregua
le contestó.
—Un espejo sin miradas
que flota sobre las aguas
y tiene un manto de risas
risas de noche serena
y de sonoros silencios
que siembran de paja el árbol
espejo de negros campos
sin cuerpos sobre su luna—



Una llama que no muere
brota del monte lejano
para sembrar una estrella
una estrella de horizonte
con trenzas de hilo plateado

Una araña de la fuente
se cansó de ser profeta.



He caminado muchos corazones
y todos juegan como eternos niños
a querer a los otros y a cambiarlos
por un nuevo juguete el seis de enero
yo guardo mi juguete desde niña
y este juguete es un dolor nacido
por no haberlo cambiado en tantos años.



ULISES

Perpetuo movimiento
concédeme el reposo
dame agua de la inercia
mis poros se dilatan aspirando al misterio
Gran río de los eternos ¡Qué profunda
tu voz cuando me llama!
Pero yo estoy aquí… aquí… sin barco
encallada en el mar eternamente
El fuego me calcina derritiendo la cera
y habito en el insomnio
Ulises ya no pasa. ¿Quién me dará la cera?
soy una pasajera con extraño destino
y aquí en el imposible
tu voz es ya la mía
Sólo existe una línea de río a mar
de calma a movimiento
Pero no tengo barco, no conozco la línea
y estoy aquí… encallada
mi corazón no me conoce
soy toda movimiento y le resulto ajena
no recuerdo que hay paredes
muros, agua salada
soy olvido total, olvido eterno
Se me olvida que ya no tengo barco
se me olvida que ya no pasa Ulises.






EDITORIAL AMATE
Primera edición, octubre 20, 1979.
“La Impresora Azteca”
Xalapa-Enríquez, Veracruz
México
3,000 ejemplares
[más sobrantes para reposición].
Edición al cuidado de Luis Méndez.
Ejemplar N° 2385

[versión personal].

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