14.6.14



Inicio una lectura en el libro Relatos de poder, de C. Castaneda. Esta lectura da fin al primer ciclo de análisis de su obra, o de las principales cuatro obras suyas: Las enseñanzas de don Juan, Una realidad aparte, Viaje a Ixtlán y luego esta. Las demás obras supongo que las leeré en otro formato, dado que nos las tengo como libros físicos aún. Investigo si acaso tengo las que faltan por leerse. Son nueve libros, excepto uno, que me fue regalado en la primera vez. Debo continuar… Hasta ahora ha sido una lectura formidable y maravillosa, digna de cualquier cabeza, con o sin razón.


Jesus Iglesias Janeiro La conciencia de los números filetype:pdf


Florinda Donner-Grau Shabono filetype:pdf


Samurái Miyamoto Musashi Libro de los cinco anillos filetype:pdf


He concluido la primera selección y organización de aquellos textos o escritos, guardados durante tantos años. Son lo único que poseo ahora como material en composición y de trabajo. Desconozco cuanto en esto hay. En total fueron 39 grupos de 10 cada uno, o sea 390 página escritas. En realidad se harán mucho menos cuando acabe de definirlas en la visión final de un conjunto organizado. Trato de concentrarme muy bien en todo ello, pues a lo que me refiere es más que nada a un problema técnico y estético al nivel del lenguaje y las palabras. En sí, podría no decir nada realmente, y sin embargo, trato de hacer que así sea, como si se tratara de algo invisible para la mente. Hablar de “corrección” es aquí algo irónico, pues a su vez trato de “reconstituir” mi propio sistema, pieza a pieza. Y para esto debo adoptar otra condición mucho más extraña y precisa que la que tengo ahora. Corregir mis textos es de alguna manera “corregir” el espacio personal de mi poder. Estoy seguro que hago esto como una necesidad estratégica a favor del entero desarrollo de mi energía física y mental, por el resultado que construiría en mí mismo como síntesis del programa entero, como parte del juego de roles que significa. He pensado que todo esto -cuanto hago hoy- tiene el mismo objeto, para referirlo a una definición propia. Tiene en otro concepto un sentido terapéutico, tranquilizador. Debo ligarme a una práctica mucho más sólida como medio de trabajo, para terminar muy pronto con mi dilema. Esto es urgente. ¡Tengo años con esta intensión personal! De lo contrario, mejor sería quemarlos todos de una vez y olvidarme de su existencia definitivamente. Quiero decir de todo esto, cuanto he hecho de esta manera, en ocasiones sin ningún cuidado. Esto ya es algo peligroso, podría suceder algo muy malo debido a estas prácticas en particular, en modo dogmático, cruel y severo. Pienso que estoy a punto de abandonarlo en serio, de quemar todo escrito y olvidarlos. Invertir en esto es tal vez un asunto de locos, sobre todo si acaba mal. Quizás debería, pero no lo haré. Trabajaré en silencio, mediante una rutina muy dura, sistemática y progresiva. Sólo así lograré cruzar este camino sin cansancio, hasta el final.

30.5.14

Bitácora de un soñador



Trabajo en el silencio, en la mayor cantidad de silencio posible; escucho el ruido que hay en mi mente, mis pensamientos. Oigo la bulla de los grillos, de las cigarras, que silban como en un canto vibrante, único y universal. Hay como una pasión mística entre ellos, lo sé, y entre todas las especies que existen en los montes y en los campos, en otros lados, lejos, ya de aquí y ahora, solos en el tiempo con su canto. Vibran, se aparean, gozan el triunfo de su unión, viven en el momento que la eternidad les dio para existir, carecen de otra libertad sino esta, en el misterio de su mágico poder. Son los dioses de la noche, los genios bribones que hablan con las estrellas, que se nutren de ellas, que conocen la misión. Ayudan cuanto pueden con este sonido y mejoran si los escuchamos bien, atentos y con respeto, sin miedos y con curiosidad infinita, brillan con la luz eterna del cielo en el sonido. Viajan a otro umbral, nos llevan de la mano hasta el éxito, a la pasión verdadera del conocimiento interior bruto y hasta la imagen perfecta de nuestra armonía natural límite. Guardan silencios, vuelven, se hacen grandes, gigantescos y luego todo lo detienen, en un significado propio, haciendo saber que esa es su zona y cantan. Giran la noche, le dan una gran vida, la mueven, se alimentan de ella y sobre ella fornican. Es su maldición y orgulloso campo de poder. Son grandes amos de la noche, la hipnotizan.

Costumbres borrascosas

Soy adicto a lo real: no disfruto la vida en rosa 🖤🤍 #notasdeguerra