PRIMAVERA
PRIMAVERA. La sabia palpita en el boscaje.
Hay candor de azucenas bajo el sol de la aurora.
Oculto por la sombra mística del frondaje,
riela el cristal sereno de la fuente que llora.
Un perfume de rosas difunde en el paisaje
olor de vida joven… El sol, ardiente, dora
la enramada del bosque primitivo y salvaje
donde el ruiseñor dice una canción sonora.
El cristal del arroyo, como una gasa leve,
acaricia la espalda, de castidad de nieve,
a vírgenes impúberes como sagradas ninfas,
y una risa argentina turba la paz de la hora,
como el rubor del fuego de una rápida aurora,
y se pierde en el claro sollozar de las linfas…
El pueblo, 18 dic. 1916.
NOCHE DE LUNA
PASA EL ritmo indistinto de una canción sonora,
en el silencio místico de la noche de luna;
mientras la luz se borra, se pierde como en una
magia imprecisa y vaga, de poniente o de aurora.
Llora el acento de una romántica sonata
en la sombra intangible del jardín sin rumores,
y en un sutil letargo de cantos y de flores,
deja caer la luna su claridad de plata
En esta horas graves, que pasan como un lento
cortejo de vestales, profundamente siento
la misteriosa vida de cosas ignoradas
que apenas el espíritu en un sueño adivina
y en las que nunca hemos puesto nuestras miradas.
¡Oh la vida sin límites, llenas de sol, divinas!
El pueblo, 18 dic. 1916.
ALMA, QUE EN EL SILENCIO…
I
ALMA, QUE en el silencio de la vida
has pasado sin risas y sin llanto,
sin placer ni dolor, alma caída
de un más allá sin formas, como un canto
de ruiseñor nocturno, en la florida
imprecisión de líneas, y el encanto
crepuscular del sol, alma perdida
por el camino lleno del espanto
de una noche sombría; alma sincera
que, como la hora del nacer del día,
eres llena de sol, y primavera;
alma que fuiste sola por el mundo
y sola sabes del dolor profundo
de ser que oculta siempre la alegría.
II
Alma, escucha mi voz, alma que un día
de amor y juventud, fuiste audazmente
a conquistar la vida, alma que siente
toda oculta impresión, ánima mía,
acostumbrada a levantar la frente
a través de la sombra, fantasía
de un canto de altivez, que triunfalmente
pasaste bajo el sol de la Armonía;
soñaste con un mundo en que la vida
fuese imprecisa, informe, indefinida,
como la luz sin brillo del poniente;
y bajo el peso del dolor viviste
tu vida de forzado, siempre triste,
corazón muerto y labio sonriente.
III
Alma, escucha mi voz, vengo extenuado
del cansancio infinito del destino;
viador eterno, extraño peregrino
de cuerpo fuerte y corazón cansado,
fui por la vida llena del divino
misterio de la aurora; el esperado
ocaso de la fe me ha encontrado
descansando a la vera del camino;
siento que en estas horas milagrosas
penetra con el sol toda la calma
de paz crepuscular dentro del alma,
y escucho en el silencio del paisaje
un canto de ilusión, mientras las rosas
se desojan de amor entre el boscaje.
El pueblo, 18 dic. 1916
A TRAVEZ DE LA HONDA
A TRAVEZ de la honda inquietud de mi alma
que la aurora conturba, me exalta un gran deseo
del bienestar profundo de la inmovilidad;
un miedo
de todo movimiento;
una voluntad dulce de sentirme sereno,
de llenar mis miradas de crepúsculos
apenas presentidos, y confundir mi aliento
con la brisa romántica de las noches de luna…
La aurora me fatiga, y me siento extenuado
antes de haber vivido, con un temor eterno
de que la vida rompa la magia de mi fuerza,
de que la luz del sol borre en el cielo
la trémula caricia de plata del lucero,
con el temor continuo de tener que vivir
una vida en que muere todo sueño…
Y me invade un profundo desaliento,
un asco para todo,
un deseo infinito de huir el movimiento
y de ir velando todos los cantos de la vida
con el divino canto del silencio.
Pegaso, 26 abril 1917
Jaime Torres Bodet
Poemas Juveniles
(1916-1917)
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