25.4.13

Allan Poe, El Cuervo

Edgar Allan Poe
(Boston, 1809 - Baltimore, 1849)


El cuervo

Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”

¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos.  Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
“Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.

Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: “Nunca más.”

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”

Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
“sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de ‘Nunca, nunca más’.”

Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir granzando: “Nunca más.”

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!

Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
“¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!

22.4.13

Hemos venido de la Luz, donde la Luz se ha originado a través de sí misma. Se levantó y se reveló en su imagen.

Sofía (Σoφíα, en griego "sabiduría") es un término fundamental dentro de la filosofía helenística y su religión, como también en el platonismo, gnosticismo, cristianismo ortodoxo, cristianismo esotérico, y en el cristianismo místico. La sofiología es un concepto filosófico relacionado con la sabiduría, como también un concepto teológico relacionado con la sabiduría de Dios.
Índice
En el platonismo
Sofía es una de las cuatro virtudes cardinales en el Protágoras de Platón . El oráculo de Pitia en forma repetida respondía a la pregunta "quién es el hombre más sabio de Grecia?" contestando "Sócrates!" Sócrates defendió esta respuesta en su Apología en el sentido en que él, por lo menos, sabe que el no sabe nada.
En textos hebreos
Sofía es adoptado como el término en la Septuaginta para el hebreo (hebreo: חכמות) Ḥokmot. En el judaísmo, chokhmah aparece junto con el shekhiná, 'la Gloria de Dios', una figura que desempeña un papel fundamental en la cosmología de los cabalistas como una expresión del aspecto femenino de Dios. Es un tema central en los libros "sapienciales" (en el epónimo Libro de Sabiduría como también en el Eclesiastés y en el Libro de los Proverbios). Un pasaje central que personifica a Sabiduria/Sofía en la biblia hebrea es Proverbios 8:22-31.
Philo y el Logos
Artículo principal: Logos.
Philo, un judío helenizado asentado en Alejandria, intentó armonizar la filosofía platónica con las escrituras judías. Él utilizó la palabra Logos para el rol y la función de la Sabiduría, un concepto adaptado por Juan y aplicado a Jesús.1
En el Nuevo Testamento
El apostol Pablo se refiere al concepto, especialmente en 1 Corintios, pero en una forma un tanto oscura, desarmando la sabiduría terrenal o mundana:
"¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el hombre culto? ¿Dónde el razonador sutil de este mundo? ¿Acaso Dios no ha demostrado que la sabiduría de este mundo es una necedad?" (1 Corintios 1:20)
Pablo enfrenta la sabiduría mundana en contra de la elevada sabiduría de Dios:
"Lo que anunciamos es una sabiduría de Dios, misteriosa y secreta, que él preparó para nuestra gloria antes que existiera el mundo." (1 Corintios 2:7)
En la cristiandad
En la teología cristiana, "sabiduría" (hebreo: Chokhmah, griego: Sophia, latín: Sapientia) describe un aspecto de Dios, o el concepto teológico referente a la sabiduría de Dios.
Véase también
Referencias
1.      Harris, Stephen L., Understanding the Bible. Palo Alto: Mayfield. 1985. "John" p. 302-310
Bibliografía
  • Caitlin Matthews, Sophia: Goddess of Wisdom (London: Mandala, 1991) ISBN 0-04-440590-1
  • Brenda Meehan, ‘Wisdom/Sophia, Russian identity, and Western feminist theology’, Cross Currents, 46(2), 1996, pp149-168
  • Thomas Schipflinger, Sophia-Maria (in German: 1988; English translation: York Beach, ME: Samuel Wiser, 1998) ISBN 1-57863-022-3
  • Arthur Versluis, Theosophia: hidden dimensions of Christianity (Hudson, NY: Lindisfarne Press, 1994) ISBN 0-940262-64-9
  • Arthur Versluis, Wisdom’s children: a Christian esoteric tradition (Albany, NY: SUNY Press, 1999) ISBN 0-7914-4330-2
  • Arthur Versluis (ed.) Wisdom’s book: the Sophia anthology (St.Paul, Min: Paragon House, 2000) ISBN 1-55778-783-2
  • Priscilla Hunt, "The Wisdom Iconography of Light: The Genesis, Meaning and Iconographic Realization of a Symbol" due to appear in “'Spor o Sofii' v Khristianskoi Kul’ture", V.L. Ianin, A.E. Musin, ed., Novgorodskii Gos. Universitet, forthcoming in 2008
  • Priscilla Hunt, "Confronting the End: The Interpretation of the Last Judgment in a Novgorod Wisdom Icon", Byzantino-Slavica, 65, 2007, 275-325
  • Priscilla Hunt, "The Novgorod Sophia Icon and 'The Problem of Old Russian Culture' Between Orthodoxy and Sophiology", Symposion: A Journal of Russian Thought, vol. 4-5, (2000), 1-41
  • Priscilla Hunt "Andrei Rublev’s Old Testament Trinity Icon in Cultural Context", The Trinity-Sergius Lavr in Russian History and Culture: Readings in Russian Religious Culture, vol. 3, Deacon Vladimir Tsurikov, ed., Jordanville, NY: Holy Trinity Seminary Press, 2006, 99-122
Enlaces externos

15.4.13


"Se remontarán con alas como águilas. Correrán, y no se fatigarán; andarán, y no se cansarán." Isaías 40:31

Costumbres borrascosas

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