Alfonsina Storni
JAMÁS PODRÉ OLVIDARTE
Como fantasma que siguiendo fiero
los pasos que mi loca mente da,
me persigue el recuerdo, ese recuerdo
que en mi pasado fijo siempre está.
Quiero olvidarlo y si al volver mi mente
a la alegría que contemplo impávida,
surge el recuerdo; ese recuerdo negro,
que es del dolor la infatigable dádiva,
Jamás olvido. Al despertar mi mente
de aquella muerte que se llama sueño,
acude ese recuerdo prontamente
de mi febril cerebro a hacerse dueño.
Únicamente al reposar inerte
de la amorosa muerte entre los brazos,
el recuerdo -el recuerdo siempre negro-
dejará de oprimirme entre sus lazos.
VERSOS OTOÑALES
Al mirar mis mejillas, que ayer estaban rojas,
he sentido el otoño; sus achaques de viejo
me han llenado de miedo; me ha contado el espejo
que nieva en mis cabellos mientras caen las hojas…
¡Qué curioso destino! Me ha golpeado a las puertas
en plena primavera para brindarme nieve
y mis manos se hielan bajo la presión leve
de cien rosas azules sobre sus dedos muertas
Ya me siento invadida totalmente de hielo;
castañean mis dientes mientras el sol, afuera,
pone manchas de oro, tal como en primavera,
y ríe en la ensondada profundidad del cielo.
Y lloro lentamente, con un dolor maldito…
con un dolor que pesa sobre mis fibras todas,
¡Oh, la pálida muerte que me ofrece sus bodas
y el borroso misterio cargado de infinito!
¡Pero yo me rebelo!… ¿Cómo esta forma humana
que costó a la materia tantas transformaciones
me mata, pecho adentro, todas las ilusiones
y me brinda la noche casi en plena mañana?
¿Cuándo recobraremos otra forma consciente?...
¿Es bien que malgastemos esta vida que es
"una"?
¡Oh, qué hermoso es un verso! ¡Cuán pálida la luna!
¡Qué dulce tus caricias, aquí, sobre mi frente!
Todo esto es tan humano, ¿por qué se nos malgasta?
si ya no volveremos a sentirnos vivir
¿por qué nos esforzamos en sentirnos morir
hasta que el dedo eterno nos dice: Bueno, basta?
¡Oh, quién me diera sangre! Parece que esta mía
se queda sin oxígeno. ¡Circula tan despacio!...
Hay mundos gigantescos que pueblan el espacio;
hay tantos, tantos soles ¡y estoy en agonía!
¡Oh, dioses! Mieles quiero para un festín extraño
flores que me coronen, pámpanos y laureles
que mi cabeza guarden un millón de lebreles
para que la guadaña no me aporte su daño.
Es un amor enorme lo que postra mi vida
un amor sin sujeto, cósmico, tan incruento
que muero bajo el peso de un raro sentimiento
sin haber alcanzado la tierra prometida.
Que muero como un niño secuestrado a la luz;
como un niño sin madre que ha vivido en tinieblas;
que por no tener soles idolatra las tinieblas
y tiene sus espaldas llagadas por la cruz.
PARTIDA
Un camino
hasta el confín
altas puertas de oro
lo cierran;
galerías profundas;
arcadas.
El aire no tiene peso;
las puertas se balancean
en el vacío;
se deshacen en polvo de oro;
se juntan, se separan;
bajan a las tumbas
de algas;
suben cargadas de corales.
Rondas,
hay rondas de columnas;
las puertas se esconden
detrás de los parapetos azules;
el agua brota en campos de nomeolvides;
echa desiertos de cristales morados;
incuba grandes gusanos esmeraldas;
se trenza sus brazos innumerables.
Lluvia de alas
ahora;
ángeles rosados
se clavan como flechas
en el mar.
Podría caminar sobre ellos
sin hundirme.
Una senda de cifras
para mis pies;
Columnas de número
para cada paso,
submarinas.
Me llevan:
enredaderas invisibles
alargan sus garfios
desde el horizonte:
Mi cuello cruje.
Ya camino.
El agua no cede.
Mis hombros se abren en alas.
Toco con sus extremos
los extremos del cielo
bañando el mar...
Amapolas, amapolas,
no hay más que amapolas...
Me aligero:
la carne cae de mis huesos.
Ahora.
El mar sube por el canal
de mis vértebras.
Ahora.
El cielo rueda por el lecho
de mis venas.
Ahora.
¡El sol! ¡El Sol!
Sus últimos hilos
me envuelven,
me impulsan.
Soy un huso,
¡Giro, giro, giro, giro!




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