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relativo, va.
□ V.
relatividad.
2. f. Fís. Teoría que se propone averiguar cómo se transforman las leyes físicas cuando se cambia de sistema de referencia.
1. f. Fís. relatividad
formulada por el científico alemán Einstein, basada en que la luz se
propaga con independencia del movimiento del cuerpo que la emite, y en
que no hay ni puede haber fenómeno que permita averiguar si un cuerpo
está en reposo o se mueve con movimiento rectilíneo y uniforme.
relativismo.
13.3.13
VIGILAR Y CASTIGAR
Michel
Foucault
SUPLICIO
I. EL
CUERPO DE LOS CONDENADOS
Damiens
fue condenado, el 2 de marzo de 1757, a “pública retractación ante la puerta principal
de la Iglesia de París”, adonde debía ser “llevado y conducido en una carreta,
desnudo, en camisa, con un hacha de cera encendida de dos libras de peso en la
mano”; después, “en dicha carreta, a la plaza de Grève, y sobre un cadalso que
allí habrá sido levantado [deberán serle] atenaceadas las tetillas, brazos,
muslos y pantorrillas, y su mano derecha, asido en ésta el cuchillo con que
cometió dicho parricidio, * quemada con fuego de azufre, y sobre las partes
atenaceadas se le verterá plomo derretido, aceite hirviendo, pez resina
ardiente, cera y azufre fundidos juntamente, y a continuación, su cuerpo
estirado y desmembrado por cuatro caballos y sus miembros y tronco consumidos
en el fuego, reducidos a cenizas y sus cenizas arrojadas al viento”. 1
”Finalmente,
se le descuartizó, refiere la Gazette d’Amsterdam.
2 Esta última operación fue muy larga, porque los caballos que se
utilizaban no estaban acostumbrados a tirar; de suerte que en lugar de cuatro,
hubo que poner seis, y no bastando aún esto, fue forzoso para desmembrar los
muslos del desdichado, cortarle los nervios y romperle a hachazos las
coyunturas…
”Aseguran
que aunque siempre fue un gran maldiciente, no dejó escapar blasfemia alguna;
tan sólo los extremados dolores le hacían proferir horribles gritos y a menudo
repetía: ‘Dios mío, tened piedad de mí; Jesús, socorredme.’ Todos los
espectadores quedaron edificados de la solicitud del párroco de Saint-Paul, que
a pesar de su avanzada edad, no dejaba pasar momento alguno sin consolar al
paciente.”
Y el
exento 3 Bouton: “Se encendió el azufre, pero el fuego era tan pobre
que sólo la piel de la parte superior de la mano quedó no más que un poco
dañada. A continuación, un ayudante, arremangado por encima de los codos, tomó
unas tenazas de acero hechas para el caso, largas de un pie y medio
aproximadamente, y le atenaceó primero la pantorrilla de la pierna derecha,
después el muslo, de ahí pasó a las dos mollas del brazo derecho, y a
continuación a las tetillas. A este oficial, aunque fuerte y robusto, le costó
mucho trabajo arrancar los trozos de carne que tomaba con las tenazas dos y
tres veces del mismo lado, retorciendo, y lo que sacaba en cada porción dejaba
una llaga del tamaño de un escudo de seis libras.4
”Después
de estos atenaceamientos, Damiens, que gritaba mucho aunque sin maldecir,
levantaba la cabeza y se miraba. El mismo atenaceador tomó con una cuchara de
hierro del caldero mezcla hirviendo, la cual vertió en abundancia sobre cada
llaga. A continuación, ataron con soguillas las cuerdas destinadas al tiro de
los caballos, y después se amarraron aquéllas a cada miembro a lo largo de los
muslos, piernas y brazos.
”El señor
Le Bretón, escribano, se acercó repetidas veces al reo para preguntarle si no
tenía algo que decir. Dijo que no; gritaba como representan a los condenados,
que no hay cómo se diga, a cada tormento: ‘¡Perdón, Dios mío! Perdón, Señor.’ A
pesar de todos los sufrimientos dichos, levantaba de cuando en cuando la cabeza
y se miraba valientemente. Las sogas, tan apretadas por los hombres que tiraban
de los cabos, le hacían sufrir dolores indecibles. El señor Le Bretón se le
volvió a acercar y le preguntó si no quería decir nada; dijo que no. Unos
cuantos confesores se acercaron y le hablaron buen rato. Besaba de buena
voluntad el crucifijo que le presentaban; tendía los labios y decía siempre: ‘Perdón,
Señor.’
”Los
caballos dieron una arremetida, tirando cada uno de un miembro en derechura,
sujeto cada caballo por un oficial. Un cuarto de hora después, vuelta a
empezar, y en fin, tras de varios intentos, hubo que hacer tirar a los caballos
de esta suerte: los del brazo derecho a la cabeza, y los de los muslos
volviéndose del lado de los brazos, con lo que se rompieron los brazos por las
coyunturas. Estos tirones se repitieron varias veces sin resultado. El reo
levantaba la cabeza y se contemplaba. Fue preciso poner otros dos caballos
delante de los amarrados a los muslos, lo cual hacía seis caballos. Sin
resultado.
”En fin,
el verdugo Samson marchó a decir al señor Le Bretón que no había medio ni esperanza
de lograr nada, y le pidió que preguntara a los Señores si no querían que lo
hiciera cortar en pedazos. El señor Le Bretón acudió de la ciudad y dio orden
de hacer nuevos esfuerzos, lo que se cumplió; pero los caballos se
impacientaron, y uno de los que tiraban de los muslos del supliciado cayó al
suelo. Los confesores volvieron y le hablaron de nuevo. Él les decía (yo lo
oí): ‘Bésenme, señores.’ Y como el señor cura de Saint-Paul no se decidiera, el
señor de Marsilly pasó por debajo de la soga del brazo izquierdo y fue a
besarlo en la frente. Los verdugos se juntaron y Damiens les decía que no
juraran, que desempeñaran su cometido, que él no los recriminaba; les pedía que
rogaran a Dios por él, y recomendaba al párroco de Saint-Paul que rezara por él
en la primera misa.
”Después
de dos o tres tentativas, el verdugo Samson y el que lo había atenaceado
sacaron cada uno un cuchillo de la bolsa y cortaron los muslos por su unión con
el tronco del cuerpo. Los cuatro caballos, tirando con todas sus fuerzas, se
llevaron tras ellos los muslos, a saber: primero el del lado derecho, el otro
después; luego se hizo lo mismo con los brazos y en el sitio de los hombros y
axilas y en las cuatro partes. Fue preciso cortar las carnes hasta casi el
hueso; los caballos, tirando con todas sus fuerzas, se llevaron el brazo
derecho primero, y el otro después.
”Una vez
retiradas estas cuatro partes, los confesores bajaron para hablarle; pero su
verdugo les dijo que había muerto, aunque la verdad era que yo veía al hombre agitarse,
y la mandíbula inferior subir y bajar como si hablara. Uno de los oficiales
dijo incluso poco después que cuando levantaron el tronco del cuerpo para
arrojarlo a la hoguera, estaba aún vivo. Los cuatro miembros, desatados de las
sogas de los caballos, fueron arrojados a una hoguera dispuesta en el recinto
en línea recta del cadalso; luego el tronco y la totalidad fueron en seguida
cubiertos de leños y de fajina, y prendido el fuego a la paja mezclada con esta
madera.
”…En
cumplimiento de la sentencia, todo quedó reducido a cenizas. El último trozo
hallado en las brasas no acabó de consumirse hasta las diez y media y más de la
noche. Los pedazos de carne y el tronco tardaron unas cuatro horas en quemarse.
Los oficiales, en cuyo número me contaba yo, así como mi hijo, con unos
arqueros a modo de destacamento, permanecimos en la plaza hasta cerca de las
once.
”Se
quiere hallar significado al hecho de que un perro se echó a la mañana
siguiente sobre el sitio donde había estado la hoguera, y ahuyentado repetidas
veces, volvía allí siempre. Pero no es difícil comprender que el animal encontraba
aquel lugar más caliente.” 5
* Parricidio, por ser contra el rey, a
quien se equipara al padre. [T.]
1 Pièces
originales ft procédures du procès fait à Robert-François Damiens, 1757, t.
MI, pp. 372-374.
2 Gazette
d'Amsterdam, 1 de abril de 1757.
3 Exento:
oficial de ciertos cuerpos, inferior al alférez y superior al brigadier. [T.]
4 Escudo
de seis libras: cierta moneda de la época. [T.]
5 Citado en A. L. Zevaes, Damiens le régicide, 1937, pp. 201-214.
WITTGENSTEIN. CONVERSACIONES SOBRE FREUD
En estas discusiones
Wittgenstein se mostraba crítico con Freud. Pero también ponía de relieve
cuánto interés encierra, por ejemplo, lo que Freud dice sobre la noción de
«simbolismo onírico» o su sugerencia de que al soñar estoy «diciendo algo» en
algún sentido. Intentaba separar en Freud lo valioso y el «modo de pensar» que
quería combatir.
Me contó que cuando estaba
en Cambridge antes de 1914 pensaba que la psicología era una pérdida de tiempo.
(Aunque no era un ignorante en ella. Le escuché explicar a un estudiante la ley
de Weber-Fechner de un modo que no podía provenir simplemente de la lectura del
artículo de Meinong o de sus discusiones con Russell.) «Pero algunos años más
tarde leí algo de Freud y quedé muy gratamente sorprendido. Había allí alguien
que tenía algo que decir.» Creo que esto era poco antes de 1919. Y durante el
resto de su vida Freud fue uno de los pocos autores que consideró dignos de
leer. En la época de estas discusiones acostumbraba a hablar de sí mismo como
de «un discípulo de Freud» y de «un seguidor de Freud».
Admiraba a Freud por las
observaciones y sugerencias de sus escritos, por «tener algo que decir» incluso
allí donde, según su opinión, estaba equivocado. Por otro lado, pensaba que la
enorme influencia del psicoanálisis en Europa y América era perjudicial,
«aunque pasaría mucho tiempo antes de liberarnos de nuestra sumisión a él».
Para aprender de Freud hay que ser crítico, y el psicoanálisis por lo general
lo impide.
Hablé una vez del daño que
se produce al escribir, cuando un autor intenta introducir el psicoanálisis en
su relato. «Por supuesto, no hay nada peor», dijo. Siempre estaba dispuesto a
ilustrar con relatos lo que Freud quería decir, pero recurría a historias
escritas con independencia del psicoanálisis. Una vez, Wittgenstein estaba refiriendo
algo que Freud había dicho y el consejo que le había dado a alguien, y uno de
nosotros replicó que tal consejo no parecía muy sabio. «¡Oh, ciertamente que
no!», dijo Wittgenstein. «Pero sabiduría es algo que yo nunca esperaría de
Freud. Inteligencia sí, pero no sabiduría.» Sabiduría era algo que admiraba en
sus narradores favoritos: en Gottfried Keller por ejemplo. El tipo de crítica
que ayudaría en el estudio de Freud tendría que ir a lo profundo, y eso no es
corriente.
RUSH RHEES
WITTGENSTEIN
(Notas de R.R. tomadas tras
una conversación, verano de 1942.)
Cuando estudiamos psicología
podemos sentir que hay algo en ella de insatisfactorio, alguna dificultad con
respecto al sujeto entero de estudio: la causa es que tomamos a la física como
nuestro ideal de ciencia. Pensamos en formular leyes como en la física. Y
entonces nos damos cuenta de que no podemos usar el mismo tipo de «métrica»,
las mismas ideas de medición que la física. Esto resulta especialmente claro
cuando intentamos describir fenómenos: las mínimas diferencias perceptibles de
los colores; las mínimas diferencias perceptibles de la longitud, etc. Parece
que aquí no podemos decir: «Si A=B, y B=C, entonces A=C», por ejemplo. Y esta
clase de dificultad se extiende a todo este asunto.
O supongan ustedes que
quieren hablar de causalidad en el ámbito de los sentimientos. «El determinismo
se aplica a la mente tanto como a los objetos físicos.» Esto es oscuro, porque
cuando pensamos en leyes causales de objetos físicos pensamos en experimentos.
No tenemos nada parecido en el ámbito de los sentimientos y de la motivación.
Y, a pesar de eso, los psicólogos pretenden decir: «Tiene que haber
alguna ley», aunque no se ha encontrado ley alguna. (Freud: «¿Quieren decir,
caballeros, que los cambios en los fenómenos mentales son guiados por el azar?»)
Mientras que a mí lo que me parece importante es el hecho de que en realidad no
haya leyes así.
La teoría de los sueños de
Freud. Él pretende decir que, sea lo que sea lo que suceda en un sueño, siempre
se descubrirá que está conectado con algún deseo que el análisis puede sacara
la luz. Pero este procedimiento de la libre asociación, etc., es curioso,
porque Freud nunca muestra cómo sabemos dónde hay que parar, dónde está la
solución correcta. Unas veces dice que la solución correcta, o el análisis
correcto, es aquella que satisface al paciente. Otras dice que es el médico
quien sabe cuál es la solución correcta o el análisis correcto del sueño,
mientras que el paciente no lo sabe: el médico puede decir que el paciente está
equivocado.
No parece que sea evidente
la razón por la que llama correcto a un cierto tipo de análisis y no a otro.
Tampoco lo es la afirmación de que las alucinaciones, e igual los sueños, son
realizaciones de deseo. Suponga que una persona hambrienta tiene una
alucinación de comida. Freud quiere decir que una alucinación de cualquier cosa
requiere una energía tremenda: no es algo que pueda suceder normalmente, sino
que la energía se genera en las circunstancias excepcionales en las que el
deseo de comida de una persona es incontenible. Esto es una especulación.
Es el tipo de explicación que nos inclinamos a aceptar. No se propone como
resultado de un examen detallado de variedades de alucinaciones.
Freud en sus análisis
proporciona explicaciones que mucha gente se siente impulsada a aceptar. Él
enfatiza, por el contrario, que la gente se siente des-impulsada a ello.
Pero si una explicación es tal que la gente siente rechazo a aceptarla, es muy
probable que sea también de las que la gente se siente impulsada a
aceptar. Y, de hecho, esto es lo que el caso de Freud ha puesto de manifiesto.
Tomemos la idea de Freud de que la ansiedad es siempre de algún modo una
repetición de la ansiedad que sentimos en el nacimiento. Él no afirma esto
aportando pruebas: no podría. Pero es una idea que posee una atracción
considerable. Posee la atracción de las explicaciones mitológicas, que dicen
que todo esto es una repetición de algo que ha sucedido antes. Y cuando la
gente acepta o adopta esto, ciertas cosas le parecen mucho más claras y
fáciles. Así sucede también con la noción de inconsciente.
Freud pretende encontrar
pruebas en recuerdos sacados a luz en el análisis. Pero a partir de cierto
momento ya no está claro hasta qué punto esos recuerdos río se deben al
analista. En cualquier caso, ¿muestran ellos que la ansiedad era necesariamente
una repetición de ansiedad original?
El simbolismo en los sueños.
La idea de un lenguaje onírico. Piensen en la interpretación de un cuadro como
imagen de un sueño. Un día en Viena yo (L.W.) visité una exposición de cuadros
de una joven artista. Había uno que representaba una habitación vacía parecida
a un sótano. Dos hombres con sombrero de copa sentados en sillas. Nada más. Y
el título: Besuch («Visita»). Al verlo dije inmediatamente: «Esto es un
sueño». (Mi hermana describió el cuadro a Freud, y éste le dijo: «Oh, sí, se
trata de un sueño muy común» relacionado con la virginidad.) Adviertan que el
título es el que lo cataloga como sueño, con lo que no quiero decir que la pintora
soñara algo parecido mientras dormía. Ustedes no dirían de cualquier
cuadro «Esto es un sueño». Y esto muestra que existe algo parecido a un
lenguaje onírico.
Freud menciona varios
símbolos: los sombreros de copa son normalmente símbolos fálicos; los objetos
de madera, como las mesas, son mujeres; etc. Su explicación histórica de esos
símbolos es absurda. Podríamos decir que no se la necesita para nada: es la
cosa más natural del mundo que una mesa signifique eso.
Pero el soñar -el usar este
tipo de lenguaje-, aunque puede usarse en referencia a una mujer o a un
falo, también puede usarse sin referencia alguna a ellos. Si se muestra
que a menudo algunas actividades se llevan a cabo con un fin determinado
-golpear a alguien para infligirle dolor-, apuesto cien contra uno a que bajo
otras circunstancias diferentes también se llevan a cabo y no con ese
propósito. Puede que él sólo quisiera golpearlo sin pensar en causarle dolor
alguno. El hecho de que nos inclinemos a interpretar el sombrero como un símbolo
fálico no quiere decir que la artista necesariamente se estuviera refiriendo de
algún modo a un falo cuando lo pintó.
Consideren esta dificultad:
si un símbolo en un sueño no es comprendido no parece ser símbolo alguno.
Entonces, ¿por qué llamarlo así? Pero supongan que tengo un sueño y acepto una
interpretación determinada de él. Entonces -cuando superpongo la
interpretación al sueño- ya puedo decir: «Ah, sí, la mesa evidentemente
corresponde a la mujer, esto a aquello, etc.»
Supongan que hago rayas en
una pared. De algún modo eso se asemeja a escribir, pero es una escritura que
ni yo ni nadie reconocería o entendería. Así que digamos que garabateo. Luego
comienza un analista a formularse preguntas, a buscar asociaciones, etc.; y así
llegamos a una explicación de por qué hago eso. Entonces ya podemos
correlacionar las diferentes rayas que hice con los diferentes elementos de la
interpretación. Y podemos referirnos al garabateo como a una especie de
escritura, como al uso de un tipo de lenguaje, aunque no fuera entendido por
nadie.
Freud reivindica
constantemente su condición de científico. Pero lo que ofrece es especulación,
algo previo incluso a la formación de hipótesis.
Él habla de superar
resistencias. Una «instancia» es engañada por otra «instancia». (En el sentido
en que hablamos de «un juzgado de segunda instancia» con autoridad para revocar
la sentencia de un tribunal inferior -R.) Se supone que el analista es más
fuerte, y capaz de combatir y superar el engaño de la instancia. Pero no hay
manera de mostrar que el resultado entero del análisis no pueda ser «engaño».
Es algo que las gentes se inclinan a aceptar y que les hace más fácil seguir
ciertos caminos: hace que ciertos modos de conducta y pensamiento les resulten
naturales. Han abandonado un modo de pensar y han adoptado otro.
¿Podemos decir que hemos
expuesto la naturaleza esencial de la mente? ¿No podría haberse tratado el
asunto entero de otro modo?
WITTGENSTEIN
(Notas tomadas después de
conversaciones en 1943; Rush Rhees.)
Sueños. La interpretación de
los sueños. Simbolismo.
Cuando Freud habla de
ciertas imágenes -la imagen de un sombrero, por ejemplo- como símbolos, o
cuando dice que la imagen «significa» tal y tal cosa, está hablando de
interpretación; y de lo que puede hacerse que el soñador acepte como
interpretación.
Es característico de los
sueños el que con frecuencia le parezca al soñador que requieren una
interpretación. No es nada corriente sentirse inclinado a redactar un sueño
diurno, o a contárselo a alguien, o a preguntar: «¿Qué significa?» Pero los
sueños parecen encerrar algo enigmático y especialmente interesante en sí
mismos, de manera que sentimos la necesidad de interpretarlos. (A menudo se han
considerado como mensajes.)
Parece haber algo en las
imágenes oníricas que tiene cierta semejanza con los signos de un lenguaje.
Como podrían tenerla una serie de marcas sobre papel o sobre arena. Podría no
haber ninguna marca que reconociéramos como un signo convencional de cualquier
alfabeto conocido y a pesar de ello podríamos tener un fuerte sentimiento de
que debe tratarse de un lenguaje de algún tipo: de que las marcas significan
algo. Hay una catedral en Moscú con cinco cúpulas. En cada una de ellas existe
un tipo diferente de configuración curvilínea. Da la fuerte impresión de que
esas diferentes formas y disposiciones han de significar algo.
Cuando se interpreta un
sueño podríamos decir que se lo coloca en un contexto en el que deja de ser
enigmático. En cierto sentido el soñador vuelve a soñar su sueño en contextos
tales que su aspecto cambia. Es como si se nos presentara un trozo de lienzo en
el que hubiera pintada una mano y una parte de una cara y ciertas otras formas
colocadas de un modo enigmático e incongruente. Supongan que ese trozo esté
rodeado por una considerable extensión de lienzo blanco, y que en ella pintamos
formas -digamos un brazo, un torso, etc.- que sirven de transición y se
completan con las formas del trozo original; y que el resultado nos hace decir:
«Ah, ahora veo por qué es así, cómo todo se organiza de esta manera, y qué eran
esos diferentes trozos...», etc.
Mezcladas con las formas del
trozo de lienzo original podría haber ciertas formas de las que diríamos que no
se compaginan con el resto de las figuras del lienzo ampliado; no se trata de
partes de cuerpos de árboles, etc., sino de trozos de escritura. Podríamos
decir esto de una serpiente, por ejemplo, o de un sombrero o de cosas
semejantes. (Ellas serían como las configuraciones de la catedral de Moscú.)
No todo lo que se hace al
interpretar sueños es del mismo tipo. Hay un trabajo de interpretación que, por
así decirlo, pertenece todavía al sueño mismo. Al considerar lo que es un sueño
es importante considerar también lo que le sucede, cómo cambia, por ejemplo,
cuando se le pone en relación con otras cosas recordadas. Al despertar la
primera vez un sueño puede impresionarnos de varias formas. Se puede sentir uno
aterrorizado y ansioso; o, si se ha puesto por escrito el sueño, puede
experimentarse una especie de excitación, se puede sentir un interés muy vivo,
sentirse intrigado por él. Si después uno recuerda ciertos sucesos del día
anterior y relaciona con ellos lo que ha soñado, esto ya produce una
diferencia, cambia el aspecto del sueño. Si se reflexiona sobre el sueño, eso
le lleva a uno a recordar ciertas cosas de la primera infancia, lo que le
deparará aún otro aspecto diferente. Y así sucesivamente. (Todo esto tiene
relación con lo que se dijo respecto a soñar el sueño otra vez. En cierto
sentido, esto pertenece aún al sueño.)
Por otro lado, se podría
formular una hipótesis. Leyendo el relato del sueño puede predecirse que es
posible llevar al soñador a recordar ciertas cosas. Y esta hipótesis podría
verificarse o no. Se puede llamar a esto un tratamiento científico del sueño.
Freier Einfall [«libre
asociación»- Trad.] y realización de deseos. Hay varios criterios para la
interpretación correcta: por ejemplo, (1) lo que dice o predice el analista
basándose en su experiencia previa; (2) aquello a lo que al soñador se le lleve
por freier Einfall. Sería interesante e importante que esos dos
criterios coincidieran en general. Pero sería extravagante pretender (como
parece hacer Freud) que deben coincidir siempre.
Lo que sucede en la freier
Einfall probablemente está condicionado por una multitud de circunstancias.
No parece haber razón para decir que tiene que estar condicionado solamente por
el tipo de deseo en el que está interesado el analista y del que tiene razón en
decir que ha debido desempeñar algún papel. Si ustedes quieren completar lo que
parece ser un fragmento de un cuadro, quizás habría que aconsejarles que no se
rompan la cabeza pensando cuál es el camino más probable que seguía la pintura,
sino que, en lugar de ello, miren fijamente a la pintura y, sin pensar, hagan
el primer trazo que se les ocurra. En muchos casos éste podría ser un consejo
muy útil. Pero sería asombroso que siempre produjera los mejores
resultados. Qué trazo hagan es probable que esté condicionado por todas las
cosas que suceden en ustedes y en torno a ustedes. Y si yo conociera uno sólo
de los factores presentes, ello no me diría con certeza qué trazo iban a hacer
ustedes.
Decir que los sueños son
realizaciones de deseo es muy importante, ante todo porque ello apunta al tipo
de interpretación buscada, el tipo de cosa que sería una interpretación del
sueño. Frente a la interpretación que dice que los sueños son simples recuerdos
de lo sucedido, por ejemplo. (No sentimos que los recuerdos exijan una
interpretación del mismo modo que sentimos eso de los sueños.) Y ciertos sueños
son, evidentemente, realizaciones de deseo; corno los sueños sexuales de los
adultos, por ejemplo. Pero parece confuso decir que todos los sueños son
realizaciones alucinatorias de deseo. (Freud ofrece muy a menudo lo que
podríamos llamar una interpretación sexual. Pero es interesante el que, entre
todos los relatos de sueños que ofrece, no haya un solo ejemplo de sueño sexual
explícito. A pesar de que tales sueños son tan comunes como la lluvia.) En
parte porque esta afirmación no parece concordar con sueños que surgen de la
ansiedad más bien que del deseo. En parte porque la mayoría de los sueños que
Freud considera han de verse como realizaciones de deseo camufladas; y
en ese caso, simplemente, no realizan el deseo. Ex hipothesi no se
permite que el deseo se satisfaga y, en lugar de ello, se alucina otra cosa. Si
se burla el deseo de este modo, entonces el sueño difícilmente puede llamarse
una realización suya. También resulta imposible decir si es el deseo o es el
censor el burlado. Aparentemente, ambos, y el resultado es que nadie queda
satisfecho. De modo que el sueño no es una satisfacción alucinatoria de nada.
Es probable que haya muchas
clases diferentes de sueños y que no haya un único modo de explicación para
todos ellos. Igual que hay muchos tipos diferentes de chistes. O igual que hay
muchos tipos diferentes de lenguaje.
Freud estaba influido por la
concepción de la dinámica del siglo XIX, una concepción que ha influido en todo
el tratamiento de la psicología. Él quería encontrar una única explicación que
mostrara qué es soñar. Quería encontrar la esencia del sueño. Y hubiera
rechazado cualquier propuesta que sólo fuera parcialmente correcta. Tener razón
en parte hubiera significado para él estar completamente equivocado, no haber
descubierto realmente la esencia del sueño.
WITTGENSTEIN
(Notas de conversaciones,
1943, R. R.)
¿Es un sueño un pensamiento?
¿Soñar es pensar algo?
Supongamos que ustedes
consideran que un sueño es un tipo de lenguaje. Como un modo de decir algo o
como un modo de simbolizar algo. Podría tratarse de un simbolismo metódico, no
necesariamente alfabético, parecido al chino, por ejemplo. Después, podríamos
encontrar, quizás un modo de traducir ese simbolismo al lenguaje del habla
ordinaria, a los pensamientos ordinarios. Pero entonces la traducción habría de
ser posible en ambos sentidos. Y, empleando la misma técnica, habría de ser
posible también traducir pensamientos ordinarios al lenguaje de los sueños.
Pero, como Freud reconoce, esto nunca se ha hecho ni puede hacerse. Así que
podríamos poner en duda que el soñar sea un modo de pensar algo, que sea un
lenguaje siquiera.
Obviamente, hay ciertas
semejanzas con el lenguaje.
Supongan un dibujo en un
tebeo fechado poco después de la última guerra. Podría contener una figura de
la que ustedes dirían que es, obviamente, una caricatura de Churchill, y otra
señalada de algún modo con una hoz y un martillo, de manera que dirían de ella
que es obvio suponer que se refiere a Rusia. Supongan que el título del dibujo
faltara. Incluso entonces, a la vista de las dos figuras mencionadas, podrían
estar seguros de que el dibujo entero, obviamente, intentaba gastar alguna
broma respecto a la situación política de la época.
La cuestión es si estará
siempre justificada su suposición de que hay algún chiste o alguna broma que
sea la broma que quiere gastar esa caricatura. Quizás el dibujo entero no tiene
en absoluto una «interpretación correcta». Podría decir: «Hay indicios -como
las dos figuras mencionadas- que sugieren que la tiene». Y yo podría responder
que quizás esos indicios son todo lo que hay. Aunque haya conseguido una
interpretación de esas dos figuras, puede que no exista motivo para decir que tiene
que haber una interpretación semejante del dibujo entero o de cada uno de
sus detalles.
La situación puede ser
semejante en el caso de los sueños.
Freud preguntaría: «¿Qué le
hizo siquiera soñar esta situación?» Alguien podría responder que no es
necesario que haya habido algo que le hiciera soñar eso.
Parece que Freud tiene
ciertos prejuicios acerca de cuándo una interpretación puede considerarse
completa, y por lo tanto también acerca de cuándo requiere que se la complete,
de cuándo se necesita una interpretación ulterior. Supongan que alguien
ignorara la tradición de los escultores de hacer bustos. Si ese alguien topara
con el busto terminado de un hombre cualquiera podría decir que obviamente se
trata de un fragmento y que ha tenido que haber otras partes suyas que juntas
formen el cuerpo entero.
Supongan que localizan
ciertas cosas en el sueño que pueden interpretarse al modo freudiano. ¿Hay
algún motivo siquiera para suponer que tiene que haber una interpretación para
todo lo demás que aparece en el sueño? ¿Que tiene sentido alguno preguntar cuál
es la interpretación correcta de ese resto?
Freud pregunta: «¿Me está
pidiendo que crea que hay algo que sucede sin causa?» Pero esto no significa
nada. Si bajo «causa» incluyen ustedes cosas tales como causas fisiológicas,
entonces hay que decir que no sabemos nada acerca de ellas y que en ningún caso
son relevantes para la cuestión de la interpretación. Ciertamente no pueden
deducir de la pregunta de Freud la aseveración de que en el sueño cualquier
cosa ha de tener una causa, en el sentido de un acontecimiento pasado con el
cual esté conectada por asociación de ese modo.
Supongan que consideráramos
un sueño como un tipo de juego que juega el soñador. (A propósito, no hay
siempre una única causa o una única razón por la cual los niños jueguen. Es ahí
donde generalmente se equivocan las teorías del sueño.) Podría haber un sueño
en el que se juntaran figuras de papel de forma que compusieran una historia, o
en el que se unieran de cualquier otra forma. Los materiales podrían reunirse y
conservarse en un álbum de recortes lleno de figuras y anécdotas. El niño
podría entonces coger varios trozos del álbum de recortes para ponerlos en su
construcción; y podría coger una figura considerablemente grande porque hay
algo en ella que le interesa e incluir también el resto simplemente porque
estaba allí.
Compare la cuestión de por
qué soñamos con la de por qué escribimos historias. No todo es alegórico en una
historia. ¿Qué significaría que intentáramos explicar por qué alguien ha
escrito precisamente esta historia y precisamente de este modo?
No hay una única razón por
la que la gente hable. Un niño pequeño balbucea a menudo por el mero placer de
hacer ruido. Ésa es también una razón por la que hablan los adultos. Y hay
otras muchas innumerables.
Freud parece influido constantemente
por la idea de que un sueño es algo que requiere una tremenda fuerza mental: seelische
Kraft. Ein Traum findet sich niemals mit Halbheite ab. [«Un sueño nunca se
conforma con medianías» -Trad.] Y piensa que la única fuerza suficientemente poderosa
para producir las alucinaciones oníricas hay que encontrarla en los deseos
profundos de la primera infancia. Esto puede ponerse en duda. Suponiendo que
sea verdad que las alucinaciones en estado de vigilia requieren una fuerza
mental extraordinaria, ¿por qué las alucinaciones oníricas no han de ser algo
completamente normal mientras se duerme, sin que requieran ninguna fuerza
extraordinaria en absoluto?
(Comparen la pregunta: «¿Por
qué castigamos a los delincuentes? ¿Es por un deseo de venganza? ¿Es para
impedir la repetición del delito?» Y así sucesivamente. La verdad es que no hay
una única razón. El castigo de los delincuentes es una institución. Personas
diversas apoyan esto por razones diversas, y por razones diversas en casos
diversos y en momentos diversos. Algunas lo apoyan por un deseo de venganza,
otras quizá por un deseo de justicia, otras por un deseo de impedir la
repetición del delito, y así sucesivamente. Y así se aplican las penas.)
WITTGENSTEIN
(Notas de una conversación,
1946, R. R.)
He estado repasando con H. La
interpretación de los sueños de Freud. Y ello me ha hecho sentir hasta qué
punto hay que combatir todo este modo de pensar.
Si tomo uno cualquiera de
los relatos oníricos (relatos de sus propios sueños) que Freud ofrece, por el
uso de la libre asociación puedo llegar a los mismos resultados que él consigue
en su análisis, a pesar de que no era mi sueño. Y la asociación procederá según
mis propias experiencias, y así sucesivamente.
El hecho es que siempre que
ustedes están preocupados por algo, por alguna dificultad o por algún problema
importante en su vida -el sexo, por ejemplo-, no importa el punto del que
partan, la asociación volverá a llevarles final e inevitablemente al mismo
tema. Freud hace notar cómo después del análisis el sueño parece muy lógico. Y
por supuesto que lo parece.
Podrían comenzar con
cualquiera de los objetos que hay sobre esta mesa -que ciertamente no están
puestos ahí por la actividad onírica de ustedes- y podrían encontrar que todos
ellos podrían conectarse formando un modelo con aquél; y el modelo sería, del
mismo modo, lógico.
Se puede llegar a descubrir
ciertas cosas sobre uno mismo por este tipo de libre asociación, pero eso no
explica por qué ocurrió el sueño.
En relación con esto Freud
se refiere a varios mitos antiguos y pretende que sus investigaciones han
explicado ahora cómo sucedió que alguien pensara o propusiera un mito de esa
clase.
Pero en realidad Freud ha
hecho algo diferente. No ha dado una explicación científica del mito antiguo.
Lo que ha hecho es proponer un nuevo mito. Por ejemplo, el atractivo de la idea
de que toda ansiedad es una repetición de la ansiedad del trauma del parto, no
es sino el atractivo de una mitología. «Todo es resultado de algo que ha
sucedido hace mucho tiempo.» Casi como referirse a un tótem.
Poco más o menos lo mismo
podría decirse de la noción de Urszene [«escena primordial»- Trad.]. A menudo
su atractivo consiste en que proporciona una especie de patrón trágico a la
vida propia. Todo es repetición de un mismo patrón establecido hace mucho
tiempo. Como una figura trágica, que cumple los designios que las parcas le
impusieron al nacer. Mucha gente tiene en algún momento serios apuros en su
vida, tan serios que hacen pensar en el suicidio. Es probable que esto aparezca
como algo sórdido, como una situación que es demasiado sucia para ser objeto de
una tragedia. Y entonces puede ser un inmenso alivio el poder mostrar que lo
que sucede es, más bien, que la vida propia sigue el patrón de una tragedia, la
realización y repetición de un patrón que fue determinado por la escena
primordial.
Por supuesto, existen
dificultades en determinar qué escena es la primordial: si es la escena que el
paciente reconoce como tal o si es aquella cuyo recuerdo produce la curación,
En la práctica esos criterios están mezclados unos con otros.
Es probable que el análisis
cause daño. Porque, aunque se puedan descubrir en su transcurso diversas cosas
sobre uno mismo, hay que mantener una actitud crítica muy fuerte, aguda y
persistente para reconocer y ver más allá de la mitología que se nos ofrece e
impone. Hay algo que nos induce a decir: «Sí, por supuesto, eso tiene que ser
así». Una mitología poderosa.
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