Era cuando mi objetivo solía ser
otro más simple, igual de universal, pero reducido a un espacio mínimo: la filosofía. No obstante, el mundo giró dentro de mí en un instante,
por un instante el universo se transformó en materia pura y con una
significatividad muchísimo más elevada que en la del común de la gente y que a
mí mismo al mismo tiempo, era como una revelación de los hechos en sí
suspensos, como alienados. Me di cuenta pronto que aquello que tanto había
hecho podía tener un sentido y ser definido de algún modo, por algo más que una
estrategia en sistema, una lógica programada y predicha en el azar del tiempo,
que lo que sabía hasta hoy significaba parte de
un asunto mucho más importante que las ciencias juntas, que las
palabras, que las escuelas y las tradiciones, e incluso que muchos sueños y
objetivos. Que el momento era ese y nada más.